Íngrid Betancourt es ya un símbolo internacional en la lucha contra el terrorismo
Imagen de Betancourt tras ser liberada esta semana. EFE
Carlos Ruiz León
Ya lo era, y ahora mucho más. Es el símbolo del trágico conflicto colombiano. Íngrid Betancourt fue secuestrada el 23 de febrero de 2002 en plena campaña electoral junto a la candidata a vicepresidente Clara Rojas, su compañera de fórmula por el partido Oxígeno Verde. Clara Rojas fue liberada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) el pasado enero con ayuda del presidente venezolano, Hugo Chávez.Betancourt era considerada por las FARC la “joya de la corona” de sus rehenes, debido a la trascendencia internacional que tuvo su secuestro y a la intensa e insistente campaña en pro de su liberación que hicieron los comités creados con ese fin en diversos países del mundo.
Hasta su secuestro, Betancourt, de 46 años, era una joven política vivaz, batalladora y controvertida, la imagen contraria de lo que mostró un vídeo divulgado en noviembre de 2007 que dio la vuelta al mundo e impactó a cuantos lo vieron.
Las imágenes mostraban a una mujer con el cabello muy largo, demacrada, triste, con la mirada perdida y encadenada en algún lugar de la selva colombiana.
Un mes antes de conocerse el vídeo, Betancourt ya dio muestras del estado en el que encontraba en su última carta conocida, fechada en octubre pasado y dirigida a su madre, la ex parlamentaria y ex reina de belleza Yolanda Pulecio.
Pese a las voces que le advertían del peligro que corría, Íngrid Betancourt viajó al selvático y sureño departamento del Caquetá, tres días después de que el entonces presidente Andrés Pastrana declarase rotas las negociaciones con las FARC, iniciadas en 1998, y ella y Clara Rojas fueron capturadas por la guerrilla.
Además de arrojo, Betancourt siempre ha demostrado no tener pelos en la lengua, sobre todo en su época de parlamentaria.
Durante la presidencia de Ernesto Samper (1994-1998) Betancourt dijo a toda voz en el Congreso colombiano que el país era gobernado “por un delincuente” e incluso llegó a hacer una huelga de hambre cuando el mandatario fue absuelto de las acusaciones de haber contado con financiación del narcotráfico.
En el mismo escenario declaró que el partido en el que se inició en política, el Liberal, era una “cueva de ladrones y corruptos”, y el Poder Legislativo, “un nido de ratas”.
En 1998, Betancourt fundó su propio partido, Oxígeno Verde, de corte ecológico, con el que logró su escaño parlamentario y se inscribió como candidata presidencial.
Antes de entrar en política, Betancourt, perteneciente a una familia acomodada, llevó una vida descansada en Europa como esposa de un diplomático francés, Fabrice Delloyé, padre de sus dos hijos, Melanie y Lorenzo, y del que se divorció años después. Ahora parece que todo ha vuelto a la normalidad. Como antes.