Feve, la compañía de vía estrecha, tiene por primera vez en muchos años un presidente leonés, Ángel Villalba. Tradicionalmente, este cargo ha recaído en vascos o asturianos, territorios donde esta empresa pública tiene gran peso. La llegada de Villalba abre grandes expectativas para un tren que estuvo a punto de perderse, cuando se planteó el cierre de la línea León-Bilbao, pero que hoy tiene un indudable futuro, tanto turístico como desde el punto de vista del transporte público en la ciudad de León. La mejora de las paradas en San Mamés y Asunción-Universidad abren el camino del verdadero tranvía urbano que tanto está en debate en los últimos meses. Feve puede dar un servicio de calidad a una de las áreas más pobladas del León metropolitano, desde Villaquilambre a la zona de Mariano Andrés, hasta el mismo centro de la capital. Además, Villalba anunció ayer que en septiembre puede estar el estudio definitivo sobre la integración de este ferrocarril en la ciudad, o lo que es lo mismo, la urbanización del entorno de la Estación a cambio de un plan urbanístico que podría recalificar terrenos para la empresa, y la apertura de una nueva calle aprovechando el trazado de las vías –bien soterrando o cubriendo con una estructura de hormigón–, que permitiría una conexión rápida para los coches desde una zona hoy saturada como son los barrios de San Mamés, La Asunción y la Palomera hasta la calle Ramón y Cajal. En su día, esta operación se denominó Plan Urban y fue presentada para su financiación a Europa con el consenso de todos los grupos políticos de la ciudad, aunque no fue aprobada. Ahora, la compañía está en manos de un leonés, que conoce perfectamente el problema. Suya es la voluntad política para hacerlo.