El obispo ofició ayer una misa en la renovada iglesia
El obispo de la Diócesis de Astorga dio ayer la Primera Comunión a dos niños. ROBERTO SANZ
Héctor Keudell Torre del Bierzo
Han pasado más de cinco años para que los vecinos de la pequeña localidad de La Granja de San Vicente hubieran hecho realidad el sueño para restaurar su iglesia. Un proceso de renovación que ha afectado al tejado, al pasillo de acceso, y sobre todo a un interior mucho más vistoso, con una combinación de materiales y colores que hacen más atractivo el interior del Templo.
Aprovechando las fiestas patronales de La Granja de San Vicente, el obispo de la Diócesis de Astorga, Camilo Lorenzo, visitó esta localidad para oficiar la misa de reinauguración de la iglesia, en la que aprovechó para dar la Primera Comunión a dos niños. Los vecinos pudieron conocer la nueva estética, que cuenta con importantes cambios después de cinco años de trabajo interrumpido por la polémica y los procesos judiciales derivados de discrepancias sobre el empleo de los fondos destinados a la iglesia. Por esa razón, ahora que ha finalizado el juicio, la Junta Vecinal ha querido mostrar a los vecinos residentes, vecinos emigrantes, y a la población en general, esta iglesia que pretenden conservar como un elemento importante del patrimonio local. Una iglesia de la que desconocen la fecha de su construcción, pero sobre la que el Sacristán, Santiago Criado, recuerda que hay constancia documental del siglo XV, a la par que el objetivo ahora es profundizar en el conocimiento sobre su historia.
Esta iglesia renovada es la voluntad de los vecinos. En ella se aprecia el trabajo aportado por varios lugareños que han contribuido con su dedicación personal, algunos con su dinero, para asentar un edificio deteriorado por el paso de los años. Del interior han obtenido toda la belleza que muestra la combinación del color blanco de las paredes con el colorido retablo que preside el altar, ahora dos peldaños más alto, bajo un enorme techo abovedado en pico de madera. El suelo de pizarra cuenta con una decoración en madera en los laterales donde se sientan los feligreses; un detalle para conseguir una mayor calidez en los fríos inviernos de La Granja de San Vicente.
En el exterior, los trabajos se han centrado en la renovación completa del tejado, pero también en la adecuación del acceso a la iglesia por el lateral que mira al cementerio, donde han conseguido un mayor espacio y sacado más brillo al portón de entrada. Una lápida recuperada perteneciente a la sepultura de una joven fallecida en 1882 se encuentra justo a la entrada.
La aportación de la Junta Vecinal asciende a 120.000 euros, que se han invertido en la restauración de la iglesia. Cabe sumar otra cantidad importante procedente de donativos particulares en metálico o en especie, que se han incorporado al patrimonio religioso. Como por ejemplo una lámpara de cristal sobre el altar enviada desde Italia por un vecino residente en Suiza. Una piedra que engalana el altar que perteneció al convento de Santa Marina. Detalles como el mantel, donado por un vecino; candelabros en los que los vecinos han contribuido económicamente. Y otras muchas contraprestaciones de las empresas que han realizado los trabajos. Además de contar con la participación de varios vecinos en los trabajos, expresamente en estos últimos días en que era necesario dejar la iglesia completamente presentable para la misa inaugural.
Ahora surgen deseos para materializar en un futuro, que los vecinos esperan que sea inminente. Como la renovación de los bancos donde se sientan los fieles. Unos bancos que han quedado viejos, pero que esperan sustituir por otros de dimensiones inferiores. O la cubrición de los ventanales del exterior que linda con el cementerio, por el pasillo de entrada al templo. El sueño del sacristán es claro: unas vidrieras para dar un colorido especial al exterior de la iglesia.