El exceso de puestos y los bazares chinos disminuyen las ventas
Varias mujeres revuelven el montón de ropa en busca de una prenda que les guste. roberto sanz
María J. Alonso Ponferrada
Que España atraviesa por un mal momento económico ya no es ningún secreto para nadie. Los bolsillos de la población respiran ahora con menos fluidez que de costumbre y eso se deja notar en el consumo de determinados productos, como puede ser la ropa o el calzado. El sector textil ha empezado a notar ya el proceso de desaceleración económica por el que atraviesa el país y las rebajas se han alzado como un eficaz revulsivo para atraer la atención y, sobre todo, el dinero del consumidor. Pero no sólo las tiendas convencionales han notado el cambio, existe otro sector, el de la venta ambulante o de mercadillo, donde también se ha hecho patente la crisis.
La plaza de Abastos de Ponferrada se convierte, todos los miércoles y sábados, en un enorme mercado con una gran diversidad de productos, desde alimentación hasta ropa, pasando por calzado, complementos u objetos artesanales. La mayoría de los comerciantes que regentan semanalmente este recinto aseguran que las ventas han disminuido considerablemente, algunos llegan a hablar de un 50% o incluso más. Casi todos achacan las pérdidas a la difícil situación económica, pero algunos suman, además, el hecho de que los puestos han aumentando en gran medida en los últimos meses o incluso a la proliferación de los bazares chinos. A mayor competencia, menos ventas.
“Ya llevamos un par de años en los que se ha notado un bajón muy fuerte. Ahora influye que hay menos dinero pero también que hay un exceso de puestos y se reparten las ventas entre todos”, aseguraba una de las comerciantes. “Han bajado muchísimo las ventas. Ahora no vendemos ni la mitad, ya desde antes de las navidades. Todo ha subido y los sueldos siguen igual. Además hay mucha tienda de chino que vende a precio nuestro y nos quitan clientes”, matizó su compañera.
Lo cierto es que, a pesar de que los consumidores ahora tienen que “hilar más fino”, como comentó una de las mujeres mientras buscaba algún “chollo”, los hábitos de consumo a penas han cambiado, es decir, salvo alguna excepción, la gente no acude más al mercadillo para intentar paliar los efectos de la crisis, sino que reduce sus gastos o, simplemente, deja de comprar aquello que no es imprescindible.