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UNA CIUDAD EN BLANCO Y NEGRO

Las paredes del torno de la vida

 

si las paredes del hospicio hablaran. Si el tiempo desclasificara sus secretos de expósitos y hospicianos todos celebraríamos haber nacido en casa y cuna, por vieja que fuera la casa y fría que fuera la cuna.

Las paredes del edificio de la fotografía, el viejo hospicio de León, guardan los misterios de la obra pía más necesaria y de gentes más generosas y entregadas. Aquellas que les dan continuidad a una criatura posada en la oscuridad de la noche en el torno del edificio leonés, en la casa cuna de Ponferrada o en el otro hospicio de la provincia, el de Astorga, en cuyo dintel se podía leer:“Torno para recibir los niños expósitos”.

Historias de hijos de la desesperación, le pobreza, el olvido, la vergüenza o el ultraje colocados en un torno de una obra pía en la que había cuando menos pan, leche y el cariño de unas cuidadoras que se hacían madres de cientos de niños sin haber parido jamás. Niños que tenían trigo llegado de las prebendas que la Catedral tenía sobre campesinos que llenaban la panera catedralicia o manteca de prebendas sobre ganaderos montañeses.

Crianzas y lactancias que salvaron miles de vidas, más de 50.000 entre las tres casas leonesas y más de 35.000 entre ‘expósitos (recién nacido abandonado en el torno) y hospiciados (que se cría en el centro)’ en el leonés.

Historias de fríos, penurias y sabañones, de caridad siempre escasa, de ausencia de madres y padres, pero historias de una vida que pudo ser vivida.


Ful
Fulgencio
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