Que una de las grandes inmobiliarias españolas cayese estrepitosamente era una noticia que se esperaba desde hace meses en el sector y el temor está ahora en que puedan seguir el mismo camino alguna más. Los inversores españoles vivieron ayer una auténtica jornada de pánico, que sólo salvó en el último momento la Bolsa de New York gracias al fuerte descenso del petróleo. Algunas inmobiliarias y bancos llegaron a superar el 10% de caída en su cotización y esto en economía se define como ‘crak’. No era para menos, la deuda por la que Martinsa-Fadesa ha entrado en la antigua suspensión de pagos asciende a 5.200 millones de euros y afecta en mayor o menor media a todos los grandes bancos españoles. No obstante, lo más destacado de cara al futuro que ha puesto en evidencia este batacazo inmobiliario es que las cajas de ahorro están tan expuestas o más que los bancos a sufrir una crisis como la que sacude ahora al Popular. De hecho, la deuda de la inmobiliaria con las cajas asciende a 2.600 millones. Si estas cajas cotizasen en Bolsa o hubieran puesto en marcha las ‘cuotas participadas’ hubieran vivido ayer una jornada de infarto. Exigir al Gobierno y a los presidentes de las comunidades autónomas que expliquen claramente el alcance de esta crisis y lideren las duras medidas de ahorro que habrá que tomar, es un derecho irrenunciable ciudadano; pero todos hemos de asumir cuanto antes que esta crisis, (que en España son tres, crediticia, del petróleo e inmobiliaria) y que ya es conocida como la de la ‘estanflación’ (el precio del dinero y la inflación crecen a la par), puede ser más larga y dura que ninguna, porque ni siquiera los manuales económicos contemplan soluciones ya probadas históricamente.