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El DECLIVE DEL COMERCIO TRADICIONAL

El último, que cierre

El comercio tradicional leonés cada vez halla más dificultades para encontrar sucesores que continúen con el legado familiar. Los tiempos han cambiado

Imagen de la fachada de El Omañés, en la calle Fernández Cadórniga, tomada tras la reforma del edificio. genaro cortés.

I. Herrera León
El negocio que cerrará Genaro es el que abrió su padre. En la ventana de El Omañés, comercio de confección y hogar en pleno corazón de la capital leonesa, cuelga un cartel que reza: “Liquidación por jubilación”. Casi medio siglo es el que lleva trabajando Genaro Cortés en León, pero la aventura había comenzado antes en la comarca de Omaña –de aquí el nombre elegido para el negocio–. En Senra de Omaña se ubicaba el ‘la sede del negocio’, aunque sería más preciso decir que se aparcaba, pues cuando Genaro empezó a trabajar al amparo de su padre viajaban por la zona vendiendo el género. Se acuerda todavía de cómo al principio iba por los pueblos en bicicleta, “y casi no podía ni con ella...”. Luego vino el coche y ya, más adelante, la furgoneta con la que durante tres décadas recorrieron los pueblos leoneses.
Ahora, a Genaro le ha llegado la hora de jubilarse, ya ha trabajado lo suyo y “uno ya está cansado”. El Omañés, lo abrieron sus padres y lo continuaron los hijos, pero muere en este punto ya que los descendientes de Genaro han enfocado su camino por otros rumbos distintos. Y él lo entiende, “no quieren quedarse con el negocio, cada uno trabaja de lo suyo”, pero así y todo, algo de pena se desprende cuando cuenta que tiene que cerrar.
Y como su caso, muchos más. El comercio tradicional en León vive un momento complicado. Las grandes superficies y franquicias han puesto en jaque a comercios legendarios. Pero su declive responde también a la dificultad que encuentran sus propietarios a la hora de dejar sucesores. El clásico traspaso de poderes de padres a hijos ha perdido arraigo.
Teresa Cebada, propietaria de la Mercería Toña, también es la heredera del negocio de sus padres que abría sus puertas en 1943. Según relata, todavía no tiene pensado echar el cierre, pero tampoco cuenta con nadie a quien cederle el legado.
Teresa comenzó a trabajar en la mercería siendo muy joven, explica. En el caso de este negocio, las cosas también han cambiado mucho con el tiempo, “antes había muchas modistas en León, ahora la gente joven no cose, le tiene alergia a la aguja”. Esto ha hecho que de todas las tiendas que conoció ella hace años que se dedicaban al mismo negocio que el que ella heredó de sus padres “ahora quedemos muy pocos”. Teresa ha ido renovando y adaptando su oferta a la nueva demanda, pero aun así, en esta pequeña mercería situada en Padre Isla, disponen de un sinfín de artículos de costura, un referente para quienes todavía conservan y practican el arte de la confección. Además, la Mercería Toña es famosa también por sus hilos de pesca.
Otro de los clásicos del comercio tradicional leonés es Cu-Cu. En 1966, Ángeles González comenzó vistiendo a niños que a día de hoy buscan ropa infantil para sus hijos: “Es muy agradable recibir a mis bebés con sus bebés”. Ese retorno es la prueba que Ángeles necesita para saber que ha hecho y hace un buen trabajo que se basa en la calidad del género y el buen trato al cliente. Con estas premisas ha regentado durante 42 años Cu-Cu. Ahora, al igual que Genaro, está de liquidación porque se jubila y, también al igual que Genaro, tendrá que cerrar sin más ya que todos sus sobrinos –no tiene hijos– han establecido su vida fuera de León y no pueden hacerse cargo del negocio.

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