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REGULACIÓN DE LA EUTANASIA

La buena muerte

I. Herrera León
Escoger la opción de morir cuando la calidad de vida ya no es posible está tipificado como delito penal, pero en el día a día más de uno sueña con infringir esta norma. Estar atrapado con total lucidez en un cuerpo que sufre y que no se recuperará ‘versus’ defender la vida a toda costa. Dos discursos contrapuestos, hasta ahora irreconciliables, que dividen a la sociedad en dos bandos. Las voces que claman por convertir este delito en derecho ocupan, de forma cíclica, las primeras planas de los medios de comunicación. El cónclave socialista celebrado hace dos semana despertaba nuevamente ese deseo latente de quienes defienden regular el “derecho a morir dignamente”. El partido del Gobierno sugería poner en marcha actuaciones en este sentido.
Hasta ahora, el debate ha estado en la calle, ahora podría pasar al terreno político, pero todavía no han pedido la intervención de las partes implicadas como son los profesionales médicos, muchos de los cuales tienen una opinión clara, como es el caso de los doctores Andrés García Palomo, coordinador del servicio de Oncología del Hospital de León, y Manuel Fernández, responsable de la Unidad de Cuidados Paliativos, dependiente de citado servicio y ubicada en el Hospital Monte de San Isidro.
La palabra de la discordia, eutanasia, proviene del griego y significa ‘buena muerte’. El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua dice: “Acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él”, definición que debería modificarse en el caso de consumarse la pretendida despenalización pues el consentimiento del paciente se perfila como un requisito ineludible. Y en una segunda acepción referida a la medicina indica: “Muerte sin sufrimiento físico”.
Pero el debate en torno a la despenalización de la eutanasia “está cargadísimo de emociones, de sentimientos de creencias religiosas” apunta el doctor García Palomo cuya apuesta apunta a un debate más social, más descargado y más tranquilo que permita alcanzar un verdadero acuerdo que satisfaga a toda la sociedad independientemente de sus creencias.
“En este momento, probablemente, siga habiendo gente absolutamente cerrada a nuevas posibilidades, pero yo creo que, bien planteado y en condiciones y situaciones de extrema necesidad, la posibilidad de la aplicación de medidas en este sentido no pueden ser discutidas por nadie en su sano juicio. Eso sí, hay que acotar muy bien de qué estamos hablando”, señala García Palomo, pues sobre el colectivo médico pesaría mucha responsabilidad.
Recuerdan en este sentido el miedo que se vivió a la hora de llevar a cabo sedaciones terminales tras el suceso que protagonizó el Hospital Severo Ochoa de Leganés. “El suceso asistido o la eutanasia es un delito en este país, por lo tanto, en este momento, en las unidades de cuidados paliativos, por lo menos en la del Hospital de León, en ningún caso se procede a administrar ningún tipo de actuación de este tipo. Sí hacemos sedaciones terminales, aunque durante un tiempo estuvimos ‘acojonados’, sedaciones terminales que cumplen una serie de indicaciones que están protocolarizadas en situaciones especiales y consensuadas con el servicio”, señalan los facultativos leoneses.
Pero hay que dejar claro que una sedación terminal no es un suicidio asistido o una eutanasia: “En la eutanasia, tu objetivo es acabar con la vida del paciente, en la sedación terminal lo que se persigue es acabar con su sufrimiento, aunque muchas veces, no siempre, derive en el fallecimiento del paciente. Lo que no practicamos de ninguna de las maneras es distanasias, que es lo contrario, mantener a toda costa la vida del enfermo, que también es un acto penado. Hay que tener en cuenta que en Onocología, la posibilidad de encarnizamiento terapéutico es alta, tenemos muchos medios terapéuticos y mal utilizados se pueden convertir en un ensañamiento que conlleva sufrimiento para el paciente”.
La sociedad está demandando un debate fructífero en torno a la eutanasia, “damos mucha importancia a la calidad de vida y, desde luego, una buena calidad de vida tiene que acompañarse con una buena calidad de muerte. No se puede entender que nadie muera con dolor, con sufrimiento. La calidad de vida culmina en la calidad de muerte”, manifiestan los doctores del Hospital de León que conocen de cerca determinados casos en que los pacientes se sienten más cerca de la muerte que de la vida.
El debate está abierto y en plena ebullición, pero éste podría cerrarse –en falso, sin duda– si no se fomenta el diálogo y se invita a participar a los verdaderos implicados. Una vez más, tanto García Palomo como Fernández abogan por que se aborde este asunto hasta llegar a un consenso de la sociedad civil, estableciendo, sin lagunas, los supuestos en los que se tiene que contemplar esta situación. Para lograr este objetivo, están convencidos de que habría que establecer un diálodo despojado de vestimentas ideológicas, religiosas y de toda connotación, “un debate lo más objetivo y aséptico posible”, concluye el doctor Manuel Fernández.
Como sucede con los supuestos referidos al aborto permitidos por Ley, la aplicación de la eutanasia también podría quedar sujeta a las objeciones de conciencia de los facultativos médicos. “Dentro de los casos permitidos, al médico se le permite objetar y decidir que no realiza ese acto. Supongo que en caso de que se despenalizase la eutanasia pasaría lo mismo pues es lógico, vuelvo a insistir, ninguna tendencia ideológica debe imponerse sobre otra, lo que para determinadas personas supone su vida o su muerte no tiene que ser lo mismo que para otras”.
Libertad de elegir, al fin y al cabo, para que cada quién, y en supuestos claramente tipificados, escoja cómo morir.

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