Daniel, desde la pista del aeropuerto, coordinando la salida de un vuelo con destino a Ibiza. secundino pérez
Goretti Cortina León
Con 24 años, Daniel Arenas espera la oportunidad de ponerse al frente de un Embraer 145. Mientras llega, el joven piloto recorre las diferentes escalas de la jerarquía aeronáutica que le lleven a volar. Una distancia que ha disminuido desde que le ofrecieron el puesto de jefe de escala de Lagunair en el Aeropuerto de León.
El ‘como puedas’ no existe –ni debiera existir– en su ejercicio profesional. Sus competencias se centran en que todo esté listo para la salida de un vuelo, desde el ‘check-in’hasta las necesidades básicas de la aeronave, pasando por los informes que debe entregar al comandante.
Su nuevo trabajo, que desempeña desde hace dos semanas, le permite una doble vertiente social. Por un lado, el contacto con la gente y por otro, la relación directa con el piloto y el avión. Un paso que le permitió dejar atrás su trabajo en el Aeropuerto de Salamanca cargando y descargando maletas.
Sin embargo, el piloto es de los que sigue la filosofía que dice que ‘ de todo se aprende’, asegurando que si hubiera empezado a volar directamente no hubiese aprendido los procedimientos que rodean y que convergen en el vuelo.
Sus primeras veces en el aire se fechan con 9 años, cuando se montó en un avión, y con 18, edad a la que se hizo cargo de los mandos mientras se sacaba la licencia de piloto en Salamanca. Hasta el momento, su participación en la cabina se reduce a acompañante, “sin tocar nada”, en trayectos de Valladolid a Málaga y Palma de Mallorca y de León a Ibiza y Valencia.
La inexistencia de la monotonía le llevó a la elección de esta profesión que, aunque no fue vocacional, el tiempo y la práctica le han dado los mismos motivos.
De la nueva etapa en su tierra, destaca la responsabilidad y el control desde el principio hasta el final de todo el proceso. Por el contrario, no termina de coger que “la gente no entienda por qué tiene que estar con una hora de antelación en el aeropuerto y que piense que es como un autobús que se pueda parar”. En este sentido, Daniel recuerda a una señora que llegó dos minutos antes del despegue y pretendía que la esperaran. Probablemente, esta pasajera se mantenía fiel a ese ‘agárralo como puedas‘, dejando a un lado el riguroso procedimiento en el que tanto empeño pone el nuevo jefe de escala.