Solbes reconoce, al fin, que teme por las arcas patrias
El vicepresidente económico del Gobierno, Pedro Solbes. EFE
Fax Press Madrid
En apenas siete meses, la valoración del Gobierno sobre la situación financiera ha pasado de merecer el apelativo de “suave” desaceleración al de crisis. Atrás quedan los tiempos en los que la economía española jugaba en la “Champions league”. Este año, si se cumplen las últimas previsiones, las arcas patrias crecerán menos que la media europera; y de crear el 40% de todos los empleos generados en la UE, pasará a registrar una de las tasas de paro más altas.
A finales de enero, el líder del Ejecutivo, Jose Luis Rodríguez Zapatero, afirmaba que la economía del país era “un barco seguro” ante las turbulencias financieras, mientras el PP acusaba al PSOE de «engañar» a los españoles al negar la crisis por motivos electorales. El vicepresidente segundo, Pedro Solbes, aseguraba entonces que España podía afrontar con “gran tranquilidad” una desaceleración “previsible” y deseable y descartaba la puesta en marcha de planes de choque para reactivar la economía. El máximo representante de la CEOE corroboraba la tesis de la “paulatina desaceleración”, negaba la recesión y apuntaba que el Estado seguiría creciendo por encima de la medida europea.
A mediados de febrero, Solbes vaticinaba que la desaceleración económica sería “corta” y las dificultades “menores”. Entonces, el Gobierno podía esgrimir aún una cifra de crecimiento envidiable en el último trimestre de 2007; un avance del 3,5% que situaba el incremento del PIB en 2007 en el 3,8%, solo una décima menos que en 2006, a pesar de las turbulencias causadas por el estallido de la crisis hipotecas subprime en EEUU en verano, que desató los problemas en los mercados financieros.
Pero los datos apuntaban ya los problemas que se han agravado posteriormente. En enero, el paro aumentó en más de 132.000 personas, la peor cifra para ese mes en 24 años.
Dos días antes de las elecciones generales, celebradas el 9 de marzo, Solbes admitió la posibilidad de que el crecimiento de la economía española se situara por debajo del 3,1% previsto, pero, apenas una semana después de los comicios, la vicepresidenta Fernández de la Vega descartabarecortar unas previsiones que casi todas las instituciones consideraban ya irrealizables.
A principios de abril, el Banco de España se adelantaba al Gobierno y rebajaba la estimación de crecimiento para 2008 hasta el 2,4%, el Fondo Monetario Internacional (FMI) hacía lo propio y recortaba el objetivo de aumento español hasta el 1,8% este año y el 1,7% el siguiente. La Fundación de las Cajas de Ahorros seguía el mismo camino y situaba los avances en el 2% para este año y el 0,9% en 2009.
El 18 de abril, el Consejo de ministros dio luz verde al primer paquete de medidas económicas para reactivar la economía, que suponía una inyección de 10.201 millones este año y 8.000 millones en 2009. Según sus cálculos, aportaría entre dos y tres décimas al crecimiento este año y añadirá medio punto más al Producto Interior Bruto(PIB) a lo largo del período de aplicación, de dos ejercicios. Entre las medidas incluídas, se situaba la deducción de 400 euros en el IRPF para asalariados, pensionistas y autónomos, con un coste de 6.000 millones.
Para entonces, Solbes comenzaba a situar el avance del PIB en torno al 2,4%, el superávit del Estado ya se había reducido a la mitad y los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre arrojaban un incremento del paro de 246.000 personas hasta situar la tasa de desempleo en el 9,6%, la más alta en tres años.
El mismo día en el que se conocieron los datos de la EPA, el 25 de abril, el Gobierno rebajaba la previsión de crecimiento para este año y el siguiente hasta el 2,3% y pronosticaba un repunte del paro hasta el 9,8% este año y el 10% el siguiente. A pesar de que el avance de la economía nacional en el primer trimestre se situó en el 2,7%, todos los indicadores, desde la caída en picado de la actividad en la construcción al deterioro de la confianza de los consumidores, apuntaban a una crisis que el Ejecutivo se obstinaba en negar.
En junio, mientras el paro subía por primera vez desde 1993, Zapatero admitía “dificultades y problemas”, anunciaba nuevas medidas para reactivar las finanzas y un mes más tarde pronunciaba por primera vez la palabra “crisis”. Con un crecimiento intertrimestral de solo tres décimas en el primer trimestre, un superávit que se ha tornado en déficit y un notable aumento del paro.