Steegmans ‘salvó los muebles’ para el Quick Step en el Tour a última hora
Carlos de Torres París
“Ahora sí que he hecho realidad el sueño de mi vida”, declaró Carlos Sastre desde lo más alto del podio de París a la multitud que le felicitaba por su triunfo en el Tour. “Gracias a todo el mundo”, recalcó, y lo repitió con el micrófono en mano en tres idiomas, francés, inglés y español. Sonriente, y acompañado por sus dos hijos, Claudia, de seis años, y Yeray, de cuatro, posó para una foto histórica, con el mítico Arco del Triunfo de fondo y el himno español, raudo como un ciclista en fuga, como música. “En esta carrera ha llegado por fin lo que yo buscaba. Es una sensación muy especial ver a la gente que hay aquí. Te trae a la mente muchos sentimientos, que se acumulan durante tantos días. Me siento feliz”.
Claudia y Yeray juguetearon entre el estricto protocolo de los organizadores, pero la esposa de Sastre se escondió de los focos, ya que no le gusta salir en los medios. El ciclista madrileño destacó que únicamente se sintió ganador cuando cruzó la última línea de meta. “Solo me lo creí en ese momento, y era algo que quería vivir. No sabes lo que es hasta que estás ahí arriba en el podio”.
Atrás quedaron 21 días de competición y más de 3.500 kilómetros de batalla, así como su épico ascenso al Alpe D’Huez en solitario y la defensa de su maillot amarillo en la contrarreloj del sábado. “Aunque he sufrido, siempre he disfrutado. No lo voy a olvidar, lo guardaré siempre con cariño en mi memoria”. También aprovechó para enviar un mensaje de esperanza. “Confío en que este Tour sea un ejemplo, porque la mayoría hemos luchado por ganar, lo hemos dado todo por nuestros equipos y por nuestros países, pero siempre en beneficio del ciclismo”.
Sastre mira hacia atrás con orgullo y hacia delante con ilusión. Los Juegos de Pekín son su próxima meta.