Hablemos de lo que es obvio: la crisis. ¿Qué crisis? Diría alguien del Gobierno. Pues aquella que se muestra en unas playas no tan llenas, unos edificios a medio construir, una multitud de carteles donde se lee ‘se vende’, sin añadir a cualquier precio, unos bares que ven bajar sus consumiciones día a día, unos negocios que han rebajado la facturación un 30% y un sector del automóvil que no levanta cabeza.
Ahora el Gobierno en la ‘no crisis’ ha rebajado sus previsiones de crecimiento. Y por si los datos no son suficientes, los expertos reunidos en La Moncloa, dijeron que las previsiones eran muy optimistas, es decir, que lo peor está por llegar. En fin, la ‘no crisis’ está comenzando a cobrarse sus víctimas: en más de medio millón de familias todos sus miembros están en paro, es decir, ninguno trabaja.
Entre tanto, en León vivimos una época de calma, de tranquilidad con algún sobresalto y alguna noticia que nos provoca un cierto desasosiego, pero vemos que todo marcha con esa dulce, lenta y parsimoniosa tranquilidad y rutina estival donde las noticias son pocas, las preocupaciones menos y la vida corre por senderos de paz y sosiego hasta que los males de la ‘no crisis’ se manifiesten con toda su crudeza a la vuelta del verano, en ese no deseado septiembre que llegará con la vuelta al colegio, los libros de textos, los uniformes, los gastos del comienzo de curso. Un otoño que, según las previsiones más optimistas, será caliente y complicado.
Hasta que eso suceda cada uno buscará la forma de ser feliz, de minimizar los efectos de la situación. Y León podrá contar con nuevas y flamantes infraestructuras: un casi AVE, una Ciudad del Mayor, un Inteco y mucho más. Por eso la crisis aquí será menor.