De atar, vamos. Nos hablan del calentamiento global y no pasamos en León de los treinta grados. Un verano de zapateros y sastres. Los primeros siguen de liquidación por crisis, que parece ya un asunto definitivo como los calzados que venden frente a la bodega regia. Martínez y regios, menuda crisis. Su Majestad recibiendo a Chávez. Un fin de semana loco que al final no trajo a Z a la zona de Picos. Obligado ir a Burgos.
Herrera, que se paseó por El Espolón de chico, estuvo el viernes en Rabanal del Camino recién aterrizado del Brasil, donde Otero –que sigue amamantando al niño– dice que no tenemos salvo emigrados, ni vínculos comerciales, ni de otro tipo. Brasil no es Riaño. Aquí, en la Fiesta del Turismo alguien le iba a dar la turra con lo de San Glorio y prefirió dejarle el marrón a Toño. En este verano loco, hay que ver cómo se mueven los grupos. Unos en Valencia –de Don Juan–, otros en la paz de Mansilla. A la presidenta no la vi el sábado/noche en Santa Olaja y me pareció raro. Carrasco no para. Dejó a Marcos, que hiciera los honores junto a la alcaldesa de Gradefes, y diputada, Ana Ferreras, que repartía octavillas entre las ruinas del expoliado Monasterio de Eslonza, igual que horas antes tiraba de la azada con los de Promonumenta para dejarle despejado de rastrojos el incomparable lugar a Avan J. Pop sin-fónico: una falta de rigor en los aparatos y en el horario deslucieron un concierto que hubiera resultado épico. De locos.