Nuevo traspié del partido tras los malos resultados electorales
Joaquín Otero conversa con Melchor Moreno durante el último Congreso de la UPL. ical
Elena F. Gordón León
La UPL protagoniza este verano un nuevo capítulo en la serie de conflictos, desavenencias internas y avatares de la reciente historia de la formación. En esta ocasión, como en otras, se desconoce las consecuencias que tendrá a corto plazo la prevista suspensión de militancia al ex secretario general, Joaquín Otero, a su compañero en las Cortes Autonómicas, Héctor Castresana, y al asesor parlamentario de ambos procuradores, Luis Herrero Rubinat, sanción que va a ser recurrida ante los tribunales, según Otero.En el origen de esta nueva crisis, que aumenta los sinsabores de los militantes y simpatizantes y afecta a la imagen del partido después de la reciente pérdida de 9.000 votos en las pasadas elecciones generales y de unos 20.000 en las municipales, se encuentra el pacto de gobierno en el Ayuntamiento de León, desencadenante del resto de males sufridos por la UPL en los últimos meses.
Otero reconoció en su día que asumir la Alcaldía de León con tres concejales era una operación “arriesgada” pero de la que era totalmente partidario por tratarse de “un tren que es difícil que vuelva a pasar”. De hecho, el procurador considera que lo que le falta a la UPL para conseguir más presencia en la sociedad leonesa es “gobernar”, algo que complementaría la labor de crítica y oposición a la que están acostumbrados los leonesistas.
El deterioro de las relaciones entre la actual y la anterior dirección leonesista ha sido progresivo en los últimos meses. Los reproches sobre el impago de las cuotas y la escasa aportación económica procedente del grupo de las Cortes Autonómicas, el cruce de críticas y amenazas y el enfrentamiento abierto tuvieron su máximo exponente el pasado mes de marzo. Fue entonces cuando los procuradores autonómicos abrieron una oficina parlamentaria, a escasos metros de la sede de la UPL.