En tiempos de idolatría de la libertad el título parece atinado y plausible. ¡Es la libertad en estado puro! Estamos en tiempos de iconoclastia: “No quiero tener pasado ni me importa. Yo me hago a mí mismo y no necesito las zarandajas de unas raíces que van a hipotecar mi existencia”.
No van por ahí las intenciones del título. Es verdad que afirmamos lo que afirmamos, pero los 25 caracteres que se me conceden de título no permiten los matices. ¡Dichoso quien sea capaz de vivir el dolor del desarraigo de tradiciones, instituciones y personas de gran estima, siempre que esa ruptura (inevitablemente relativa y limitada) lo sea para echar raíces en un nuevo escenario necesitado de injertos que lo rejuvenezcan y lo humanicen!.
Bendito, pues, el desarraigo del cooperante que se engancha a una ONG y se olvida de los bienestares de este Primer Mundo. Dichoso el investigador que hace del laboratorio su casa, porque convierte en prioridad el desvivirse por encontrar nuevos fármacos que abran puertas a la esperanza. Dichoso el médico que se abraza a la soltería y a la austeridad en pro de disponer de más tiempo y más recursos para mejorar la calidad de vida de otros. Dichoso el político que ni busca el poder ni ambiciona un pingüe sueldo, sino que se entrega con alma, corazón y vida a hacer crecer y a consolidar el bien común. Dichosos los jóvenes (o no tanto) que no sienten renunciar a la libertad y a la anarquía, y se abren generosamente a crear y a educar nuevas vidas.
Bendito el misionero y la misionera, que, habiendo descubierto un día a Jesús de Nazaret, no dudaron en dejarlo todo, en desceparse de aquí para plantarse en tierras, culturas y personas que necesitan la frescura de la cercanía, de la compasión, de la fraternidad. De nuestras tierras leonesas son más de 1.300 las personas que se cuentan en este elogio del desarraigo, que acaba siendo encarnación. Bueno es recordarlos por estas fechas. Los próximos días 4 y 12 se celebrarán los Encuentros Diocesanos de Misioneros, en Astorga y en León respectivamente. Tendremos oportunidad de comprobar todo lo dicho. Venturosamente.