La Policía registró ayer una vivienda que fue alquilada por Olga Comes
Arkaitz Goicoechea, presunto jefe del ‘complejo’, estuvo presente durante el registro de la vivienda. EFE
Agencias Madrid
Al margen de la crueldad y el cinismo, si algo ha caracterizado a los etarras desde hace ya décadas es su cobardía. Lejos de comportarse como los valientes gudaris que proclaman ser, cada vez que un terrorista llega a comisaría no tiene el menor pudor en delatar a sus compañeros en el oficio de matar y suele confesar, con pelos y señales, todos sus planes y escondites. Gracias a esa tendencia a la delación, cada arresto trae a menudo aparejados varios registros y otros tantos hallazgos.
Ése es justo el caso de los miembros del complejo Vizcaya, cuyas confesiones han permitido hallar varios zulos y ayer llevaron a la Guardia Civil hasta un piso de Logroño donde se han ocultado durante todo este año.
La vivienda había sido alquilada en enero por Olga Comes, que abandonó el comando recién desarticulado en abril pasado para integrarse en la estructura militar de ETA en Francia.
El registro del inmueble, en el que estuvo presente el presunto jefe del grupo, Arkaitz Goicoechea, duró varias horas y se realizó con la ayuda de miembros del Grupo Especialista en Desactivación de Explosivos (GEDEX) y de la Unidad Canina, ante la posibilidad de que dentro hubiese explosivos.
Una vecina de la urbanización donde se encuentra el piso, situado en el barrio de El Arco, a las afueras de la capital riojana, aseguraba que hace unas dos semanas vio a Goicoechea leyendo en la piscina comunitaria.
Mientras, Comes, la arrendataria de la casa, que se oferta para su alquiler en internet desde hace algunos días, fue detenida el pasado viernes en el departamento francés de Cote d’Or junto a Asier Eceiza, un destacado miembro del aparato militar de la banda, después de que ambos se saltasen con su vehículo un control de la Gendarmería y sufriesen un accidente.
Todos estos reveses, que dejan la capacidad de ETA en franca evidencia y refuerzan la tesis de su completo declive, satisfacen y, a la vez, preocupan casi en la misma medida al Ministerio del Interior, que teme que la banda quiera demostrar que sigue viva con algún atentado ejemplar.De hecho, en este momento no solo la Ertzaintza está en alerta máxima ante el temor de un ataque en alguna localidad del País Vasco, sino que tales precauciones se extienden a todas las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, muy pendientes de la posible venganza por la desactivación del Vizcaya. Así lo explicaba ayer el ministro Rubalcaba, quien pronosticó que, como siempre tras un éxito policial, la organización criminal recurrirá a un violento golpe de efecto “para mantener la moral de su tropa”.
En cuanto a la pequeña bomba que ETA hizo estallar la madrugada del martes en Torremolinos y el hallazgo de diverso material para confeccionar artefactos, Rubalcaba precisó que “la comunicación entre los miembros de la banda no es tan fluida”. Además, resaltó que en el ataque de la localidad malagueña “hay aspectos raros”, como por ejemplo “que no avisaran, cosa que no suele ser frecuente en las bombas pequeñas en sitios públicos”, algo que nos hace pensar que podría tratarse de “una decisión autónoma”.Bien distinto al del socialista fue el análisis de la situación que efectuó el líder del PNV, Íñigo Urkullu, que más parece lamentar que alegrarse de los éxitos policiales.