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CRISIS LEONESISTA

El divorcio según UPL

Aquel grupo de amigos antes que políticos ha saltado por los aires por disputas de poder

Ultima imagen de Chamorro, Moreno y Otero juntos. Fue el pasado mes de noviembre en el congreso celebrado por la formación leonesista. A partir de ahí se escenificó la ruptura.

Manuel C. Cachafeiro León
La nave del leonesismo se tambalea, y esta vez más que nunca: el barco de la UPL se ha partido en dos en alta mar, con grandes dificultades para llegar a la orilla. UPL, el partido que fue capaz de aunar el sentimiento leonesista, vive estos días uno de los episodios más convulsos desde que fuera fundado en 1991 por el carismático José María Rodríguez de Francisco. Aquel partido que más que un partido parecía una gran familia, sin disputas internas, se ha convertido últimamente en una jaula de grillos. Primero fue el propio De Francisco quien abandonó el barco y ahora Joaquín Otero y Luis Herrero Rubinat, dos de sus más estrechos colaboradores durante muchos años, que a su vez también acabaron mal con el en otro tiempo ‘alma mater’ de la formación.
En pleno mes de julio, cuando apenas hay noticias en los periódicos, el Comité Ejecutivo de la UPL decidió el pasado martes inhabilitar a su portavoz en las Cortes de Castilla y León y a su hombre fuerte en San Andrés del Rabanedo, asesor también del grupo leonesista en la Cámara autonómica.
El tercero en discordia fue Héctor Castresana, también representante autonómico, que estará de baja como militante durante seis meses, en un intento de dividir al grupo opositor, aunque el jugador ademarista ya ha dicho que su futuro está y estará ligado al de Otero y Rubinat.
La decisión del máximo órgano entre congresos se tomó por unanimidad, sin una sola voz discordante. La inhabilitación de Otero y Rubinat supone en la práctica su salida del partido. Rubinat podría tener todavía una oportunidad -tres años es justo el tiempo hasta las próximas elecciones municipales y autonómicas-, aunque él mismo lo ve imposible.
La mejor forma de ordenar la historia de los desencuentros en la UPL es desde un punto de vista cronológico. Poco tiempo antes de las elecciones autonómicas de 1995, De Francisco ofreció a Otero ser el número dos en la lista de UPL tras Conchi Farto. El líder leonesista se lo ofreció una mañana en las escaleras de la sede que entonces estaba en la calle Ordoño y Otero dijo sí allí mismo. Ambos se conocían de cuando De Francisco iba a las oficinas de Radio León, donde Otero trabajaba como locutor. Sólo se conocían de eso, de cuando el hoy procurador le hacía entrevistas. Otero dijo sí y muchos pensaron que nunca saldría, pero UPL fue la sorpresa en las urnas con dos procuradores. Así empezó Otero.
Javier Chamorro llegó a la política cuatro años después. En 1999. A De Francisco se lo presentó Covadonga Soto, quien también fuera concejala del Ayuntamiento de León y cuya salida de UPL fue al mismo tiempo que el histórico líder. Soto y Chamorro de conocían de los juzgados, donde el hoy vicealcalde de León ejercía como procurador.La historia también acabó mal.
Por el medio, Otero había sido el interlocutor para que Melchor Moreno se subiera a la nave leonesista como alcalde de Torre del Bierzo, un territorio donde UPL lo tenía francamente difícil.
La nave fue bien hasta el congreso de Astorga. Fue en mayo de 2004 y las discrepancias previas hicieron que De Francisco no fuera. Otero renovó como secretario general. El enfrentamiento abierto en el partido acabó con De Francisco y Covadonga Soto fuera. Su final ya se sabe: terminaron fundando un nuevo partido.
El pasado mes de noviembre, otro congreso apeó a Otero de la Secretaría General y puso en su cargo a Melchor Moreno. Aunque el procurador dijo que él no quería seguir, estaba claro que ya existía un claro enfrentamiento entre dos bandos: por un lado Otero y Rubinat y por otro Melchor y Chamorro, con el alcalde de Villaquilambre, Lázaro García Bayón, y el concejal leonesista en el Ayuntamiento de León, Abel Pardo, en la recámara, si era posible una tercera vía de salida en el partido.
Desde entonces las aguas de la UPL no han estado en calma. Todo lo contrario. Los dos pactos con el PSOE en los dos últimos mandatos han establecido nuevos territorios de poder que han hecho saltar por los aires a aquel grupo de amigos que no parecían políticos. ¿Hacía donde va la nave leonesista? Hay quienes interpretan que en el actual panorama político leonés, UPL camina hacia el suicidio político, engullida por el nuevo leonesismo liderado por Francisco Fernández en el PSOE y en el Ayuntamiento de León. Un leonesismo que acepta a regañadientes el actual marcho autonómico y denuncia el centralismo creciente de Valladolid. “Antes León que UPL” ha llegado a decir Chamorro para justificar su política y el pacto con los socialistas.

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