El lector debe estar siempre a la expectativa y no bajar la guardia, ya que el único elemento que tenemos, los que nos dedicamos a esto del columnismo político, es interpretar lo que el pájaro -léase el político de turno-lleva en el buche, a partir de lo que el pájaro enseña en la cara, y buscar datos que nos ayuden aretratar, no ya la presencia actual de la bestia, sino todo el proceso que le ha llevado a ser lo que es o, al menos, a parecer ser lo que parece ser; pero a veces, algunos, abren el buche y nos permiten ver lo que llevan dentro, lo cual nos posibilita reconocer errores y, sobre todo, descubrir que sólo hay un ignorante con afán de protagonismo donde veíamos un político demagogo y localista. Por ello, pido disculpas y prometo que no volveré a dedicar una columna a semejantes personajes, ya que este error me ha hecho recordar una anécdota que hace ya tiempo leí en un magnífico libro titulado “Vida de Sócrates”, escrito por Antonio Tovar: Una vez se encontraban los atenienses discutiendo sobre un asunto de la ciudad en la asamblea, entre ellos se encontraba Sócrates, que estaba en desacuerdo con un ciudadano con respecto a un tema concreto. Ambos mantenían posturas enfrentadas, el ciudadano se levantó y propinó una patada a Sócrates por llevarle la contraria, la reacción de éste fue, precisamente, la ausencia de la misma, no se inmutó, ni le reprochó que utilizara semejantes métodos en un lugar donde reinaba la razón. Un amigo de Sócrates que le acompañaba y lo presenció todo dijo:
¿No vas a hacer nada? ¿No vas a reaccionar a lo que te ha hecho? ¿No te vas a enfadar?
A lo que Sócrates respondió:
- Si un burro me da una coz, ¿Tú crees que le voy a llevar a juicio?