El terrorista abandona la prisión de Aranjuez rodeado de grandes medidas de seguridad
En la plaza de la República Dominicana de Madrid se celebró un acto de repulsa por la excarcelación del terrorista. efe
Agencias Madrid
La indignación de las víctimas del terrorismo salió ayer a la calle al tiempo que lo hacía, después de 21 años en prisión José Ignacio de Juana Chaos, que optó por no regresar de momento a su casa de San Sebastián para evitar la expectación mediática que le esperaba.
El ex dirigente etarra abandonó la cárcel de Aranjuez (Madrid) a las 07,26 horas tras cumplir una última condena de tres años por un delito de amenazas y lo hizo acompañado por su esposa Irati Arantzabal, con la que se casó en el penal, y sus dos abogados.
Se le esperaba en San Sebastián, pero finalmente decidió no acudir. Mientras él «se perdía» en algún punto de su camino hacia la capital donostiarra, allí, decenas de personas, también a mediodía y convocadas por la asociación Dignidad y Justicia, se concentraron para protestar por la puesta en libertad del terrorista y rendir un homenaje a las víctimas de ETA.
Lo hicieron junto al monolito situado en los jardines de Alberdi Eider en memoria de todas las víctimas. La vicepresidenta de Dignidad y Justicia, Sonsoles Arroyo, tomó la palabra y se refirió a los terroristas como «escoria», antes de hacer un llamamiento para acabar con la «impunidad» de los etarras.
A la misma hora, en Madrid, en la plaza de la República Dominicana, donde De Juana mató a 12 guardias civiles con un coche-bomba, se congregaron numerosas personas, incluida la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal.
Habían sido emplazadas por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, cuyo presidente, Juan Antonio García Casquero, aseguró durante su intervención que el Gobierno «podía haber hecho más» para evitar la excarcelación.
Al término del homenaje, De Cospedal puso de relieve que la salida de la cárcel de De Juana, «obliga a cambiar leyes» para que respondan a la sensibilidad de los ciudadanos.
También María Teresa Fernández de la Vega manifestó su opinión al respecto, asegurando que «al Gobierno, como a la inmensa mayoría de ciudadanos españoles», le repugna que el etarra Ignacio de Juana Chaos «esté en la calle». «A partir de ahora, el Ejecutivo, la Fiscalía General del Estado, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad van a estar especialmente vigilantes para que ni la memoria ni la dignidad de las víctimas pueda ser vulnerada», advirtió De la Vega, que añadió que si esa circunstancia se produjera actuarían «con la misma diligencia que contundencia».
El que fuera jefe del comando Madrid fue condenado a más de 3.000 años por el asesinato de 25 personas: 17 guardias civiles, cinco militares, un soldado, un policía nacional y un ciudadano estadounidense que «pasaba por allí». De esa pena, el etarra cumplió 18 años de un máximo de 30 que establecía el anterior Código Penal, ya que se benefició de varias redenciones por su «rendimiento intelectual» y los títulos universitarios obtenidos.
Después, cuando su puesta en libertad estaba próxima, en 2005 fue condenado a otros tres años de cárcel por las amenazas vertidas contra cinco responsables de prisiones en varios artículos publicados en el diario Gara.