Republicanos y demócratas usan el color de la piel con fines electorales
Un seguidor del candidato demócrata a la Presidencia de Estados Unidos, Barack Obama. EFE
Europa Press Washington
El factor racial ha hecho finalmente una sonada aparición en la carrera por la Presidencia de Estados Unidos. John McCain y Barack Obama se han enzarzado esta semana en una batalla dialéctica en la que uno de los temas más socialmente sensibles en Estados Unidos ha sustituido a Iraq y a la economía como principal punto de debate entre ambos candidatos.
Ninguna de las dos partes implicadas ha asumido la responsabilidad de introducir la cuestión del color de la piel en las elecciones. Pero sería justo decir que este giro de los acontecimientos se ha cocido entre ambos partidos. Primero, Obama realizó unas declaraciones el pasado miércoles en las que advertía a sus votantes de que los republicanos intentarían presentarle como un candidato «de los que no aparecen en los billetes de dólar».
La campaña de McCain terminó de cerrar el círculo a través de su portavoz, Rick Davis, y finalmente por el propio candidato republicano: «divisivo», «negativo», «vergonzoso» y «simplemente equivocado» fueron los adjetivos que se le dedicaron a Obama por «jugar la carta de la raza».
No es que este factor haya aparecido ahora por primera vez. En las primarias demócratas, Obama y su rival, Hillary Rodham Clinton, participaban de sus respectivas condiciones que les hacían pioneros en su aspiración al cargo: negro y mujer. Un respectivo subtexto al que ninguno de los oponentes -ni siquiera los republicanos- se refirió en términos peyorativos. Pero ésta es la carrera final, donde un simple gesto en este sentido puede provocar un escalada de declaraciones. Dicho gesto tuvo lugar finalmente esta semana, y tuvo como protagonistas involuntarias a Britney Spears y Paris Hilton.
La imagen de Barack Obama aparecía intercalada entre fotos de la cantante de pop juvenil y la heredera de la fortuna Hilton en un anuncio desarrollado por la campaña de McCain, titulado Celebridad y que tenía como objetivo restar importancia a la reciente gira del candidato demócrata por Europa y Oriente Próximo, destinada a fortalecer su posición en el extranjero y demostrar a sus votantes que contaba con la experiencia internacional suficiente como para asumir un hipotético cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Estadounidenses.
El anuncio se limitó a presentar a Obama como una «celebridad mundial», a tenor de la expectación que despertó su visita. «Es la mayor celebridad del mundo. ¿Pero está preparado para liderar?», se planteó la pieza.
La respuesta del demócrata no se hizo esperar. Llegó el miércoles en un mitin celebrado en Misuri. Allí, predijo que el nuevo objetivo republicano es atemorizar al votante. «Intentarán que os asustéis de mí, ya sabéis: ‘No es lo suficientemente patriótico... tiene un nombre raro... no se parece a los otros presidentes que se encuentran en los billetes de dólar’», declaró.
Algunos analistas señalan que, al mencionar la cuestión racial, la verdadera intención de McCain ha sido desviar la atención de los ataques de Obama a su programa de política energética.
Pero situar la cuestión racial en el centro del debate tiene su precio. Algunos votantes blancos podrían juzgar al candidato por ese baremo -en algunas convenciones republicanas se han visto chapas con la leyenda «Si Obama es presidente, ¿se le puede seguir llamando Casa Blanca?»-, pero también podría volverse en contra de McCain.
«Una campaña de desprestigio no es algo bonito de ver. Caer tan bajo no debería ser propio de McCain, pero los demócratas serían unos inconscientes si no se dieran cuenta de que, a veces, este tipo de estrategias funcionan», comentó el analista del New York Times, Eugene Robinson.
El caso es que McCain no es ajeno a problemas relacionados con la raza en su carrera política. Uno de los factores que le llevaron a perder las primarias republicanas en 2000 en Carolina del Sur fue el rumor de que era el padre ilegítimo de un niño negro.