La candidez con la que la Junta, y los sindicatos se aferran a cualquier dato positivo para afirmar que la crisis económica en León y en la Comunidad no va a ser tan severa como en el resto del país, resultaría enternecedora, si no fuera porque pone en evidencia que no se están haciendo análisis serios de los problemas económicos por los que atraviesa la región, ni se tiene una visión global del alcance de la crisis a nivel internacional. Ha bastado que en el mes de julio el paro bajase en 713 personas mientras que en España crecía en más de 30.000, para que se lanzasen las campanas al vuelo y se afirme que estamos mucho mejor preparados que otras comunidades para afrontar la crisis. Las cifras, si se analizan con la mínima perspectiva, siguen siendo sin embargo demoledoras. La curva estacional del paro anual en León pone de manifiesto que siempre sube seis meses y baja otros seis con ligeras variaciones; y los meses de bajada van desde enero a agosto y los de subida de septiembre a enero. Sin embargo, este año, a causa de la crisis, el paro se ha mantenido estable desde el mes de enero hasta ahora, por lo que a partir de septiembre puede dispararse a cifras desconocidas en la última década. Si a esto añadimos que ya estamos en una tasa del 11,52% de la población activa, el resultado en el mes de diciembre puede resultar catastrófico. Ninguna de las causas que han desatado la actual crisis económica ha cambiado (excepto el petróleo, que ha bajado ligeramente, pero se mantiene aún en los 120 dólares ). La crisis inmobiliaria aún se agravará mucho más y la crediticia lo mismo. No se vislumbran aún límites a la tan temida estanflación y lo peor de la crisis del consumo aún está por ver, cuando el paro alcance cifras cercanas al 15%.