Todos los rumores señalan que el joven e inexperto gobernador de Virginia será el elegido por el candidato demócrata para aspirar a la Vicepresidencia de EEUU
Kaine, ferviente admirador de Obama, es un político entusiasta y, además, tiene una excelente química personal con el senador de Illinois. efe
EFE Washington
El potente microscopio bajo el que el aspirante demócrata a la Presidencia de EEUU, Barack Obama, está colocado desde hace varios meses ha permitido a la opinión pública mundial saberlo casi todo del senador por Illinois, pero apenas ha brindado pista alguna sobre quién será su número dos, una figura que, aun no siendo tan relevante como la del comandante en jefe, resulta sin duda mucho más que decorativa.
A la hora de adivinar el nombre del más que probable vicepresidente de la nación más poderosa de la Tierra, es necesario acudir a los rumores, eso sí, cada vez más sonoros. Dichas habladurías, no todas ellas unánimes, señalan al gobernador de Virginia, Tim Kaine, como el elegido.
Se trata de una posibilidad que llevaba ya tiempo en las quinielas, pero que había permanecido en un discreto segundo plano hasta esta misma semana, cuando prestigiosos diarios como The Washington Post revelaron que Kaine mantiene conversaciones «muy serias» con el equipo de campaña de Obama. Tales filtraciones han propiciado un minucioso escrutinio de la figura del que fuera el primer gobernador demócrata que expresó su apoyo al afroamericano, allá por febrero del año pasado, poco después de que el rival de Hillary anunciase su decisión de competir por la Casa Blanca.
Además, entre ambos existe una evidente buena sintonía personal, un factor que resulta clave para Obama, quien ha reiterado que lo más importante para él a la hora de elegir a su pareja política es que funcione la química. De hecho, ese habría sido uno de los argumentos de más peso -junto a la molestia de su marido Bill- para desestimar el tándem con Clinton.
«Obama está en una categoría completamente distinta a la de ningún otro con quien haya jamás compartido escenario», proclamó un entusiasta Kaine en enero antes de añadir que «el público proyecta sus esperanzas en él de una forma que es del todo increíble».
A la química hay que añadir la circunstancia de que ambos son licenciados por Derecho en Harvard, abogados interesados en los derechos civiles y recién llegados a la primera liga de la política estadounidense: Kaine es solo tres años mayor que Obama y lleva apenas 30 meses como gobernador. Los analistas destacan entre sus ventajas la popularidad de que disfruta con los votantes religiosos -es un devoto católico- y el que puede ayudar a Obama a ganar en Virginia, que ha votado por los republicanos en 13 de las últimas 14 elecciones presidenciales.
Además, habla castellano, un factor positivo cuando el voto latino se perfila como crucial, dada la elevada concentración de hispanos en estados clave como Florida, Nuevo México, Colorado o Nevada. Sin embargo, la frescura que le da su relativa inexperiencia se convierte, al igual que en el caso de su futuro jefe en un talón de Aquiles, pues ni uno ni el otro tienen crédito alguno en los grandes asuntos, tanto nacionales como internacionales.
Larry Sabato, director del Centro de Política de la Universidad de Virginia, lo resume con la afirmación de que «no hay una mayor amenaza para la victoria de Obama que su falta de experiencia».
De ahí la importancia de elegir a un vicepresidente con recorrido internacional o militar, lo que, en opinión de Larry Sabato, ayudaría a ahuyentar dichos temores hacia los demócratas.