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JUEGOS OLÍMPICOS DE PEKÍN

Samuel Sánchez hace sonar el himno nacional por primera vez en los Juegos Olímpicos de Pekín

Es el primer español en lograr un oro en ruta, al batir en el sprint a Rebellin y Cancellara

El oro olímpico de fondo constituye el tercer éxito consecutivo de España en los grandes acontecimientos ciclistas de 2008. EFE

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e. press / pekín
El corredor Samuel Sánchez logró la primera medalla para la delegación española en los Juegos Olímpicos de Pekín, la más preciada, la de oro, después de imponerse al sprint al italiano Davide Rebellin y al suizo Fabian Cancellara, plata y bronce, respectivamente, en la prueba en ruta.
El asturiano fue el primero en cruzar la línea de meta tras una prueba disputada sobre 245 kilómetros y con final junto a la Gran Muralla, y cierra el círculo de éxito en 2008 del ciclismo nacional con los triunfos de Alberto Contador en el Giro de Italia y el más reciente de Carlos Sastre en el Tour.
«Es el mejor comienzo de España en los Juegos en toda su historia», apuntó el secretario de Estado, Jaime Lissavetzky, mientras conversaba al otro lado con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y trató de pasarle el móvil a Samuel Sánchez.
El oro olímpico enjugó la decepción que supuso horas antes el abandono por problemas estomacales del tricampeón del mundo Óscar Freire, la principal opción al primer lugar del cajón del podio junto al murciano Valverde.
La foto con las manos en la cara para ocultar el llanto feliz no estaba prevista para Sánchez, con un currículo brillante, pero no comparable con el de Freire, Alejandro Valverde, Alberto Contador y Carlos Sastre.
Pero el asturiano cogió el ‘corte’ bueno en la última de las siete vueltas a un circuito de 23,8 kilómetros, en las faldas de la Gran Muralla, que serpenteaba en la meta entre el verde y parecía alcanzar un cielo plomizo, en el que la humedad asfixiaba (90 por ciento) y el calor ahogaba a prensa y espectadores de las tribunas.
La crónica de la victoria de Samuel Sánchez no tuvo el mejor prólogo, pues a falta de tres vueltas para el final, mucho asfalto aún por recorrer, rampas del cinco por ciento que en el último kilómetro y medio alcanzaban el diez de porcentaje, el estómago de Óscar Freire dijo basta.
El cántabro había sentido náuseas desde la primera vuelta, sus privilegiadas piernas no daban más, rompía a sudar demasiado pronto mientras sus rivales apenas resoplaban un poco y puso pie en tierra. Freire, con un don especial en las clásicas, las pruebas de un día como los Mundiales, acabó de una forma frustrante su participación en sus terceros y últimos Juegos. «¿Londres 2012? Los veré por la tele, seré ya muy mayor», indicó entre bromas.
Sánchez culminó con éxito la estrategia dibujada por Paco Antequera en la pizarra. Carlos Sastre, el flamante amarillo del Tour, ejercía de capitán. ‘Alejandro resguárdate del viento por aquí’, ‘Samuel, ve por allá, contrólame a ése’, ‘Alberto, ...’, decía el madrileño.
El líder del CSC se había colado en una escapada previa que perseguía a dos aspirantes a héroes, el chileno Patricio Almonacid y el boliviano Horacio Gallardo. El dúo americano rodó durante algunas vueltas en cabeza, con cierta ventaja respecto a un grupo de 26 corredores entre los que figuraban el propio Sastre, el italiano Marzio Bruseghin y el alemán alemán Jens Voigt.
La fuga acabó en la nada y de los 24 saltaron el ucraniano Ruslan Pidgorny y el bielorruso Aliaksandr Kuchynski, también neutralizados más tarde. El austríaco Christian Pfannberger protagonizó el último intento fallido, justo poco antes de rebasar la meta por penúltima vez, donde Paolo Bettini, 'El Grillo', buscaba con la mirada desafiante a sus rivales.

GRUPO DE VALIENTES. Con Freire fuera de juego, Alberto Contador consumió sus últimas fuerzas en los relevos de España antes de dejarse caer del pelotón de los candidatos, en los que se vivió un desenfreno hasta la llegada.
Entonces, se formó un grupo de cinco corredores: el luxemburgués Andy Schlek, el ruso Alexander Kolobnev, el australiano Michael Rogers, el italiano Davide Rebellin y Sánchez. Cinco ciclistas para tres puestos en el panteón de la gloria. Sobraban dos, Kolobnev y Rogers, que quedaron descolgados, primero, se engancharon a la rueda de Schleck, Sánchez y Rebellin a falta de algo más de un kilómetro a la estela de Cancellara, doble campeón del mundo contrarreloj, una locomotora que vino como un rayo desde atrás.
Pero al helvético no le aguantó tanto el fuelle y se quedó clavado en la rampa final, el 10 por ciento en contra de lograr la gloria olímpica, que se la llevó un asturiano, Samuel Sánchez, más rápido también que Rebellin, el primero en ruta para el ciclismo español.
Poco importaron ya los problemas de Freire, el decimotercer puesto de Valverde, el 49 de Sastre o el abandono de Contador. El miércoles, el madrileño tendrá en la crono la oportunidad de añadir el título olímpico al rosa del Giro en 2008 y de ampliar la cosecha inigualable en este curso de éxito.

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