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el columnista invitado / José Carlos Rodríguez

Laicismo totalitario

En agosto nos despojamos de ese espeso politiqueo que lo impregna todo y que transforma cualquier aspecto de la vida en un asunto político y en un motivo más de enfrentamiento. Es un descanso que gran parte del espacio informativo esté ocupado por los Juegos Olímpicos, aunque el hecho de que estén organizados por una brutal dictadura no permite relajarse del todo a quienes tienen algo de conciencia.
El primer día de este chino agosto, cuando hasta el Gobierno estaba pensando en las vacaciones más que en otra cosa, se reunieron Zapatero y Antonio María Rouco Varela en la que es la entrevista más importante de la II legislatura zapateril. En ella, Zapatero le dejó bien claro al presidente de la Conferencia Episcopal que el gran proyecto del Gobierno era la implantación de Educación para la Ciudadanía, que había sido aprobado por la mayoría del Parlamento y que no iban a tolerar una oposición a la ley por parte de la Iglesia.
La razón por la que se hablaba de separar Estado e Iglesia es porque la Iglesia no puede pretender valerse del Estado para imponer sus criterios morales y su visión de las cosas. El ámbito de la Iglesia es la sociedad civil. Pero, por un lado, dentro de la sociedad tiene todos los derechos que los demás, incluyendo, claro está, el de manifestar públicamente sus creencias y su fe. Y, por otro, igual que no se le debe permitir que se valga del Estado para imponerse, lo mismo ocurre con cualquier otra forma de pensar o ver la vida. Y sin embargo lo que pretende el Gobierno es, precisamente, crear nuevos hombres progresistas moldeando las tiernas mentes de los estudiantes.
Detrás de este laicismo hay una pretensión totalizadora; totalitaria, en realidad. Pretende el Gobierno ordenar qué se puede permitir y qué no dentro del desarrollo de la sociedad civil. Y cree que el respaldo democrático le da licencia para moldear a la sociedad a su antojo. Zapatero se lo ha dejado claro a Rouco: no se echará atrás ni permitirá ninguna oposición a su política, una vez aprobada en el Parlamento. Es el secuestro de la libertad por la democracia.

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