El catalán, con ayuda de Rudy Fernández y Ricky Rubio, lleva a la ‘roja’ hacia el triunfo en la prórroga ante una China dominante
El equipo español tuvo que comenzar la remontada en el último cuarto, después de ir perdiendo de 15 puntos. / reuters
efe / pekín
Pau Gasol no es una estrella, es una galaxia que sacó a España del agujero negro más profundo al que se ha enfrentado en unos años, abierto por China en tres cuartos y suturado por el de los Lakers -29 puntos- en una atronadora exhibición del baloncestista que es.
Wukesong pareció un potro de tortura para una España poco reconocible. Igual que el día del estreno frente a Grecia, sus porcentajes de tiro rayaron a un nivel impropio, sobre todo durante la primera parte. Yao Ming calentó el ambiente en unas cuantas acciones. También Liu Wei (12 puntos en el primer tiempo) y Zhu Fangyu (12 en 24 minutos).
Jonas Kazlauskas hizo de los tiempos muertos un arma efectiva para minar el baloncesto de españoles. Al más mínimo síntoma de estabilización ofensiva por parte de los de Aíto, nada que fuera más allá de dos canastas seguidas, el lituano paraba el partido y reunía a los jugadores en la banda.
Parón tras parón y error tras error sobre el aro contrario, España avanzaba cada vez más hacia aguas procelosas. Todo se conjuraba contra la selección nacional, que, por otro lado, soportaba una intensa carga física dentro de las zonas, una tremenda presión de músculo que no se detenía. Anotar suponía un esfuerzo titánico.
China asestó un zarpazo en la primera parte. Los segundos 10 minutos subieron un parcial de 28-17 al marcador. España iba de cabeza. La pista pequinesa tiene tendencia a provocar resbalones. Calderón, arrollado en una falta de ataque cayó de espaldas y se golpeó la nuca de manera aterradora. Carlos Jiménez, al intentar taponar una bandeja perdió pie y también estrelló la crisma contra el parqué.
Nada sonreía a la ‘roja’. Todo era hostil. El parcial del intervalo ya había sido muy feo (46-37). No tanto por la diferencia como por los nubarrones que anunciaba. El tercer período tampoco invitó al optimismo, pese a que Pau Gasol se partió la boca dentro de la zona.
remontada. Nada puede con la casta de Pau. De no haber sido por él, España jamás habría soportado un cuarto tan infame como el tercero (15-10 y 61-47). La tarjeta del de San Boi reflejaba 20 puntos a cinco minutos para el final. También se comió a Yao Ming, a quien señalaron la cuarta falta en plena carga de España, que con un parcial de 0-10 lanzó el primer dardo a la yugular china (64-61).
La serie creció hasta 4-16 (68-67 m.37). El choque irradiaba intensidad. Y la selección española una tremenda fe en lo que hace. De otra forma, nunca hubiera escalado así en el marcador, igualado con un triple de Navarro a falta de dos minutos (70-70). Pero Whang Zhizhi encontró canasta (72-70 a un minuto para el final).
Acto seguido, Marc Gasol dibujó un escorzo para salvar la enorme humanidad de Yao Ming (72-72 a 19.7 segundos). Aíto García Reneses solicitó tiempo muerto y el pabellón contuvo la respiración.
Una falta señalada a Ricky Rubio dio la bola en la banda a China con 12 segundos por delante. Él mismo recuperó la posesión en una jugada de inteligencia al tirarla sobre el cuerpo de un adversario. Garbajosa quemó la traca final sin poder evitar la prórroga. Y fue cuando regresó Pau Gasol.
Todo lo que hizo fue para bien. Dio la primera canasta del tiempo extra (72-74) y cargó con la quinta a Yao, mientras Rudy Fernández seguía volando para puntear rebotes, recuperar balones y terminar un trabajo que pocos habrían podido completar. Gasol es un grande, Rudy también y España, además de tener clase, sabe sufrir.