UNA IMAGEN Y 250 PALABRAS

En una mirada...
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Por una mirada, un mundo; ofrecía desde sus versos el gran poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer. Con el cambio de una sola palabra se definiría la estampa de la fotografía: ‘En una mirada, un mundo’. ‘A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde’ cuando el caballo observaba al mundo y el mundo se quedaba dibujado en su ojo para que el fotógrafo le arrancara la imagen. Cuando sonaron las cinco campanadas el alguacilillo sacó su llave, abrió la puerta el chulo de chiqueros, el monosabio se colocó orgulloso el primero y justo en el quinto tañido comenzó a andar el torero y su cuadrilla mientras el arenero borraba sus huellas. Ese era el instante, ese era el mundo, del caballo es la tranquilidad de quien lo ha visto una y cien tardes, suyo es el ojo que encierra en su retina un universo y se lo regala al fotógrafo que también aparece retratado en su propia imagen. Allí están todos los colores de la fiesta más colorista. Allí está la sangre que cada tarde se derrama, allí se huele el miedo de la muerte que cada cierto tiempo cobra su tributo de profesión temeraria y de valientes que se alimentan de la sangre de su toro y le pagan con la sangre de sus cornadas. Nadie diría mirando la tranquilidad del caballo que todo ese mundo sólo llena la retina en color de uno de sus ojos en blanco y negro. Sólo es un ojo. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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