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SOCIEDAD / XX Convivencia de los misioneros leoneses

“Echo de menos hasta el jamón”

Más de medio centenar de misioneros leoneses se reúnen en una jornada de convivencia

La XX Convivencia de los Misioneros contó con la presencia de varios religiosos de la provincia. j.m. lópez

S. J. León
“Lo que queremos es homenajear a los misioneros”. Así definió a la XX Convivencia de los misioneros leoneses, Manuel de la Red, organizador del evento, que se mostró muy satisfecho de este encuentro, en el que muchos de los hombres y mujeres de la Iglesiarepartidos por el mundo, se unen después “de años dispersos”.
Son cerca de 800 los misioneros leoneses, aunque su número no se puede concretar puesto que muchos abandonan su provincia eclesiástica o vuelven a su tierra sin previo aviso. Al Seminario Mayor acudieron ayer unos 50, entre ellos amigos, familiares y colaboradores, que quisieron así unirse a una jornada de reflexión e intercambio de experiencias. Una convivencia que fue el preludio de una Eucaristía en la Catedral y que culminó con una comida de confraternización.
El obispo de León, Julián López, también quiso unirse a esta celebración, en la que se sintió “muy feliz”. “Es un momento especialmente vivo y grato para la diócesis”, afirmó el máximo representante de la Iglesia en León, que también quiso acordarse en un día tan especial de los misioneros que ya no están entre nosotros, como es el caso de Félix Esteban Ignacio Prieto.
Pocos minutos antes de que el obispo se dirigiera a los misioneros, los corrillos entre los asistentes denotaban alegría y satisfacción por el encuentro de muchos que después de tantos años continúan siendo amigos, pese a que hay una gran distancia de diferencia entre sus destinos.
Francisco Negral y Marina García, amigos de la infancia, recordaban sus tiempos en Castilfalé a la vez que rememoraban sus ocupaciones en el extranjero. “Llevo 33 años en Jerusalén, donde me encargo de tres cuestiones básicas: guía oficial del Estado de Israel y también del Vaticano; párroco de Haifa, donde hay muchos árabes cristianos; y escribo a la vez un libro sobre Jesús y su pueblo, Israel”, afirmó Negral.
En un lugar tan convulso como es Oriente Próximo, este sacerdote, que ve “una solución lejana”, afirmó no sentirse muy alejado de su familia, tierra y de amigos, puesto que ahora “es muy fácil estar en contacto diario con las nuevas tecnologías”.
Algo más de nostalgia muestra Marina, que después de nueve años en Bolivia, ha regresado ya a León. “Allí echas de menos todo, hasta el jamón. Pero al final te adaptas”, reconoció esta religiosa que ha basado su estancia en un país “con el 60% de indígenas” en las labores sanitarias y en la educación, y en especial con los discapacitados.
“En Venezuela, Chávez quiere controlar toda la educación”, afirmó Dorindo Burgo, un hermano marista que abandonó Celadilla del Páramo en 1982, y que reconoce la dificultad de enseñar con la sombra del presidente venezolano detrás todo lo que huele a religión. “Me siento muy identificado con el país, ya que llegué allí a los 19 años”, apuntó.

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