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el subiao / Fernando Tascón

Parásitos y ácaros

Usted siempre ha anhelado una plaza de funcionario para, cuando llegue la jubilación, gozar de una pensión de funcionario y, como otros funcionarios, complementar su economía familiar con el rendimiento del huerto: del huerto solar, se sobreentiende. Ya no puede uno ni enriquecerse sin que llegue algún impertinente medio de comunicación y lo cuente. ¡Qué falta de modales y de respeto al compadreo bananero que aún aflora en determinadas administraciones! ¿Verdad que usted y yo teníamos tantas posibilidades como los agraciados de conseguir un parque solar? Lo que pasa es que ni usted ni yo leemos con el ahínco necesario el boletín oficial, que es el que avisa de estas fórmulas de enriquecimiento repentino a través de actividades que tienen más subvenciones que el azúcar cubano. Lo que sucede, compañero de vulgo y amable lector, es que ellos escriben ese boletín al que usted tiene acceso varios días después. Gran limpia en la Junta y mientras tanto, en el Consejo del Bierzo, estudiando lo de la privatización de los servicios. Se nota que la afición del presidente al Toralín da resultados: cuando el balón viene envenenado de un rechace previo, mejor despejar a gran distancia. Eso es lo que quiere hacer el de Cubillos con el matadero. A mí, hablar de estas cosas de comer me provoca comezón, algo así como la sensación con la que los peregrinos se iban del albergue de Villafranca. Consultada la famosa enciclopedia de Internet que suena como el güisqui en andaluz, me aclara que entre la numerosa y prolija familia de los ácaros están desde los más comunes, que provocan episodios asmáticos, hasta las garrapatas. Llevo tres días rascándome y no me quito los picores.

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