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LUCHAS TRIBALES

El eterno dilema beduino

Las tribus de la Península del Sinaí se consideran bajo ocupación. Acusan a Egipto de marginarles, acosarles y perseguirles. Ahora se preparan para luchar por su independencia. Otro conflicto más

Por su conocimiento del terreno, los beduinos son los principales sospechosos de todo tráfico ilegal que tiene lugar en el Sinaí. Efe

M. Zibell (Fax Press) El Cairo
La existencia en este siglo XXI de personas que respetan más los lazos tribales y los vínculos familiares que las fronteras políticas puede resultar para muchos un anacronismo. Además, si estos grupos están repartidos en una de las regiones más calientes del planeta, su existencia se convierte en un problema.
Las tribus beduinas que viven en la Península del Sinaí se mueven con comodidad por un desierto que separa dos países, Egipto e Israel, protagonistas de cuatro conflictos bélicos en los últimos 60 años, y por esa delgada línea roja que aparta Egipto de la convulsionada franja de Gaza. Esa comodidad es un dilema para los poderes de la región.
Los beduinos acusan al Ejecutivo egipcio de resolver ese dilema con una política de marginación y acoso, que incluye persecuciones, arrestos masivos, detenciones arbitrarias y torturas.
El Gabinete, por su parte, los responsabiliza de los atentados contra los principales centros turísticos de la Península, como el de Sharm el Sheij en julio de 2005 y Dahab en abril de 2006. Más de 3.000 beduinos fueron arrestados tras los ataques y según líderes tribales, unos 1.500 permanecen en prisión.
Por eso, a nadie le sorprendió que la primera de las cuatro peticiones a las autoridades del norte del Sinaí, acordadas el pasado fin de semana por los líderes tribales reunidos en el Muatamar al Qabail al Bedu (Encuentro de Familias Beduinas) que tuvo lugar en la localidad de Shibana, haya sido la liberación de todos los prisioneros. Las otras tres fueron el fin del acoso - especialmente que no se destruyan sus casas y que no se tome a sus familias como rehenes para que se entreguen a la Policía-, el derecho a poseer las tierras donde viven y no ser marginados, particularmente a la hora de buscar trabajo. “El problema entre los egipcios y los beduinos es la falta de respeto a nuestras tradiciones. Ellos quieren que seamos egipcios, pues que nos acepten como somos, que no nos quieran cambiar”, afirma Musa al-Taravin, representante de una de las tribus más importantes del Sinaí.
Los taravines tienen ramificaciones en Siria, Jordania, Arabia Saudita (su lugar de origen), la franja de Gaza y la ciudad israelí de Bersheva. Para Musa, estos últimos son los más afortunados del clan. “Cuando los hebreos controlaban el Sinaí (entre 1967 y 1982) eran respetuosos con los beduinos, ellos saben tratar a la gente”, opina este líder taravin, poniendo el dedo en una antigua llaga que contribuye a distanciar aún más a su gente de cualquier favor o confianza por parte de las autoridades egipcias.
Pero Egipto no es su único problema. La relación entre sus familiares en Gaza, y Hamas, el grupo islámico que controla ese territorio palestino, tampoco pasa por su mejor momento, aunque los beduinos del desierto saben muy bien como golpear al enemigo donde más le duele. “Cada vez que uno de nuestros familiares es atacado en la franja, nosotros saboteamos los túneles por donde pasa el contrabando a Gaza. Sabemos muy bien dónde están”, indicó Musa.
Los beduinos del Sinaí no solo se jactan de conocer todos los túneles que unen la Península con el territorio palestino, sino también todas las rutas a través del desierto entre Gaza, Israel y Egipto, tanto las que están controladas por puestos fronterizos como las que no lo están.

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