El veterano balear conquista el máximo metal, el segundo de su trayectoria, en su última carrera de puntuación
Joan Llaneras se subió por segunda vez en unos Juegos a lo más alto del podio. / julio muñoz (efe)
luis miguel pascual (efe) / pekín
Joan Llaneras hizo valer ayer su experiencia, fabricada en 39 años de vida, la mayor parte de ellos sobre los velódromos, para lograr en Pekín su segundo oro olímpico en la prueba de puntuación, la última de su dilatada carrera deportiva.
Los dos títulos, sumados a la plata de Atenas, convierten al mallorquín en el único español que ha ganado medallas en tres Juegos consecutivos, y en el primero que supera el techo de los dos oros.
El balear, que también cuenta con cuatro Mundiales, aventajó por dos puntos al alemán Roger Kluge, 17 años más joven que él, y en cuatro al británico Chris Newton. Más abajo se quedaron algunos de los grandes favoritos, como por ejemplo el bielorruso Vasili Kiryenka, que fue quinto, y el ruso Mikhail Ignatyev, que únicamente pudo concluir noveno.
El uruguayo Milton Wynants, plata en Sydney, terminó decimoctavo, mientras que el argentino Juan Esteban Curuchet acabó decimonoveno, un puesto por encima del chileno Marco Arriagada.
Llaneras se abrazó a su familia nada más terminar la carrera, y mostró una felicidad enorme. Sabe que se va en la cima de su trabajo. No se puede estar más arriba que en el primer escalón de un podio olímpico. Se emocionó al saludar a la Reina Sofía y a la Infanta Cristina, que asistieron a su gesta en el velódromo de Laoshan, un moderno recinto que, desde fuera, parece una auténtica nave espacial. La misma que llevó a las estrellas al competidor patrio.
Su éxito se gestó a partir del noveno sprint de puntuación, cuando comenzó a entrar en la puja por los puntos. Antes se había quedado al margen de las peleas. La mayor parte de los aspirantes a la máxima presea y él habían optado por idéntica táctica. Solo el alemán Kluge parecía interesado en los primeros escarceos.
Llaneras prefirió tener paciencia. Como siempre. Renunció a la mitad de la prueba a la espera de su momento. Estaba demasiado vigilado, con todos los focos sobre su dorsal número 11 y las miradas sobre su rueda.
Finalmente, llegó su instante. Sacó la artillería pesada y no tuvo piedad. Recuperó vuelta en dos ocasiones, con lo que colocó 40 puntos a su marcador, y se impuso en tres sprints. Entre una vigilancia extrema supo buscarse la vida, sobrevivir en una prueba donde la astucia y la intuición son tan importantes como la fuerza.
Pronto ya era segundo, por detrás de Kluge, y no tardó demasiado en ponerse líder, plaza que ya no cedió hasta la conclusión. A falta de un giro ya era oro, pero el germano no lo sabía. Saltó con rabia para sumar los últimos puntos, que únicamente le sirvieron para afianzar su segundo puesto.
Mientras Llaneras saboreaba plácido su triunfo, disfrutaba de su última carrera de puntuación. Todavía le queda la Madison de Pekín, pero ésa no es su guerra.
Su rostro era el de la alegría total. Llaneras cerró una trayectoria impresionante y lo hizo como los grandes campeones, con un triunfo de gran repercusión y una nueva victoria olímpica.
En total, España ha logrado en competiciones de este tipo seis preseas. Llaneras ha aportado dos oros y una plata. José Antonio Escuredo fue plata en Keirin en Atenas, y Sergi Escobar bronce en persecución, el mismo metal que logró el combinado nacional de la disciplina en Grecia.
La sonrisa del mallorquín en lo más alto del podio era la de los deberes hechos, la de la satisfacción por el deber cumplido. Así, despertó a un medallero patrio que parecía adormilado tras un inicio arrollador.