El espectáculo que se vivió en Barajas fue desolador y las víctimas infantiles conmovieron a los equipos de rescate
Uno de los heridos en el terrible accidente aéreo de ayer recibe atención médica al llegar al hospital de La Paz. EFE
Agencias Madrid-Canarias
Cuatro años después de la matanza del 11-M, Ifema abrió de nuevo sus puertas para convertirse en una inmensa morgue. El juez de instrucción número 11 de Madrid, David Pérez -encargado de la investigación del siniestro y que ya tiene en su poder las cajas negras-, dispuso la habilitación en uno de sus pabellones de una sala para congelados -donde se trasladaron los cadáveres- y otra para la atención a los familiares. Éste es el destino final de las víctimas de un “infierno”, como declaró uno de los bomberos que acudió a apagar un fuego al que jamás se habían enfrentado, pues ni en los más exigentes simulacros se había previsto un incendio de tal magnitud. Pero el relato más estremecedor llegó de boca de uno de sus compañeros: “Teníamos que pisar cadáveres para ir a socorrer a otras personas que estaban vivas, aunque muchas de ellas ni pedían ayuda porque estaban en estado shock”. Tras ser relevado se echó a llorar como un niño.
Testigos presenciales afirmaron que el avión “se había volatilizado” por efecto del impacto y del fuego, y señalaron que tan solo en la cabina del aparato, que se había salvado de la destrucción, se encontraron los cuerpos de siete personas. “Lo que encontramos al llegar no se puede contar. Era indescriptible. Uno piensa que está preparado para todo, pero al ver lo que hemos visto te das cuenta de que no es así”, relató otro profesional. “Me he venido abajo cuando me ha tocado coger a un crío que tendría la misma edad que el mío”, comentó conmocionado otro. Según el jefe del Samur, “el panorama era desolador, con una dispersión enorme de cadáveres entre los que había muchos niños”.
Otra testigo que presenció los hechos relató que el avión «ha hecho rodaje en una carrera muy larga de despegue» y después “se ha ido al aire y a 200 pies ha explotado el motor y se ha caído”. “La pinta era muy mala”, ya que, a medida que se precipitaba al suelo, “se formó una bola de 100 metros de envergadura”, señaló visiblemente afectada. Por su parte, un efectivo del Summa que participó en la evacuación del avión afirmó emocionado que en el interior de la nave “solo se veía un amasijo de hierros”.
Mientras, en el interior de la doblemente castigada T-4, a medida que iba pasando el tiempo y las noticias llegaban con cuentagotas a las colas de pasajeros, la inquietud se adueñó de los viajeros, de tal forma que muchos dudaban ya si coger o no el avión, porque “hoy no es un buen día para volar”, como así comentó una pareja de jóvenes.
En esta película de terror, había otro escenario. El de los estrategas, que capitaneó el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. Tan solo unos minutos después del siniestro se activó el denominado Protocolo 11-M de reacción ante catástrofes y llegaron al lugar del siniestro un total de 230 efectivos entre personal sanitario y voluntarios, 170 policías, 60 bomberos, 20 ambulancias y cuatro furgones de equipo médico, que fueron testigos de primera mano de la tragedia. Tras más de tres horas de duras tareas de rescate, el equipo recibió un reemplazo de 100 efectivos y psicólogos que llegaron a Barajas para ofrecer apoyo psicológico a las familias y a los voluntarios que se trasladaron al aeropuerto. En la Feria de Madrid, a eso de las 21,00 horas, y con un silencio sepulcral que era roto de vez en cuando, un representante de cada fallecido describía a su familiar a un psicólogo que lo localizaba en una lista y acompañaba al allegado a la durísima identificación definitiva.
El otro foco de atención de este drama, como en un flashback, se concentró en el propio avión momentos antes de tratar de despegar. Marcos Hernández, de 22 años, relató a su abuela que se iba a retrasar en su llegada porque la nave había dado un giro en la pista. No hubo más llamadas. Tampoco contestaciones. “Me dijo que estaban aguardando a si les cambiaban de avión o no”, relató nerviosa la mujer, Consuelo Cabrera.
Dicen que el destino es a veces caprichoso y le echa un guiño a la muerte para burlarla. Eso mismo le sucedió a dos personas que pueden contarlo cuando, en teoría, iban a ir montadas en el aparato. Una pareja de Canarias salvó la vida al perder el vuelo por tres minutos. Héctor relató que él y su pareja tenían billete para viajar a Gran Canaria de regreso de sus vacaciones estivales. Mientras ésta no podía ni hablar por la conmoción, el chico explicó que cuando llegaron al mostrador de facturación les dijeron que el vuelo se había cerrado tres minutos antes.
La noticia del accidente les dejó consternados, pero agradecidos de su suerte por no haber entrado en el vuelo de la muerte. La dos jóvenes pasaron la noche en Madrid a la espera de poder regresar hoya Las Palmas. A buen seguro que el viaje se les hará muy largo.
También hay otra historia en la que una chica estuvo a punto de comprar su pasaje por internet a ese avión, pero, por 10 euros de diferencia, optó por Iberia.
Mientras muchos aún se preguntan por qué no se suspendió el partido amistoso de fútbol que se disputó en la tarde de ayer entre las selecciones de España y Dinamarca, en el otro confín de la Tierra, en la Villa Olímpica de Pekín, la bandera de España ondea hoy a media asta.