UNA IMAGEN Y 237 PALABRAS

El refugio de los recuerdos
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El parque, los parques de las ciudades, se convierte con frecuencia en el refugio de los recuerdos y las vivencias olvidadas. Hasta él acuden los niños que buscan donde correr sin voces que les gritan cuidado y los abuelos que rememoran allí estampas que se les habían quedado en el desván. Allí sentados, con sandalias y sombrero que hablan del verano, ven los pavos que les recuerdan los corrales sin ellos, con gallinas de huevos de los que ya no venden en las tiendas, con gallos que hacían buena cazuela en fiestas de guardar, con conejos que se multiplicaban con generosidad pero siempre había en la mesa bocas suficientes para tantas camadas como quisieran llegar. En los parques y las boleras se encuentran con las gentes que como ellos ven una cosa y sueñan mil, con los vecinos que como ellos convirtieron todos sus ahorros en un piso en la ciudad, con los amigos que han pasado por el pueblo y traen noticias frescas de la comarca de la que proceden, aunque tantas veces sean las tristes noticias de las desapariciones, de las inevitables e irreparables desapariciones. Los parques tienen tardes llenas de luces y sombras. Las luces que encienden los recuerdos, las sombras que se van apropiando de una existencia en la que a veces se les hace inevitable pensar aquello de “toda una vida esperando que pasara algo y al final pasó la vida”. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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