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TOROS / Hace sesenta y un años que murió Manolete

El trono sigue vacante y su nombre no se olvida

El califa cordobés trajo la revolución a la Fiesta

Manolete en un festival en la Maestranza de Sevilla.

Sesenta y un años han transcurrido desde que el trono del toreo quedó vacante, y nadie ha vuelto a ocuparlo; desde que el eje geométrico de la Fiesta quedó roto, y nadie ha sido capaz de restaurarlo; desde que Manolete dejó su vida en el ruedo y nadie ha sido capaz de olvidarlo. Más aún: es ahora, al transcurso de tan largo plazo, cuando se pretende comparar su arte personal y mayestático con el del torero de moda, como si la confrontación fuera posible.
Manolete, dígase lo que se diga, y por quien lo diga, trajo a la Fiesta una manera de torear peculiar y revolucionaria, cambiando el concepto tradicional de interpretar las suertes por la verdad indiscutible de un trazo vertical -su figura- acompañado de una trayectoria circular -la ligazón de sus pases- que hasta el momento nadie había practicado. Eso sí, partiendo del sentido del temple y la invasión de los terrenos del toro que, como comienzo de una nueva era, impuso Juan Belmonte.
¿Hay en nuestros días otra revolución, como se afirma en determinados cenáculos? Y si pese a la enorme trascendencia del paso por los ruedos de Manolete no cabe afirmar que haya sido el mejor torero de la historia, ¿cómo es posible que se atribuye esa leyenda a quien en nuestros días tanto le recuerda, sin haber llegado aún a las altas cotas de gloria que alcanzó el califa cordobés?
Para muchos, Manolete, cuya muerte se conmemora el próximo día 28, sigue figurando en lugar de honor en los anales de los auténticos valores de la Fiesta. Y ojala podamos incorporar nuevas citas a ese frontispicio de inmortalidad mientras, como dijo el poeta, “…aún España a tu nombre se conmueve”.

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