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YO Y MIS CIRCUNSTANCIAS / Luis Racionero

La guerra tibia

Cuando en plena Guerra Fría los europeos construyeron un gaseoducto-oleoducto desde Rusia, la idea me causó extrañeza, ¿no quedamos que Rusia era el enemigo?
Luego cayó el Telón de Acero y los americanos fueron a por el gas y petróleo del Cáucaso, llegando por Asia Central hasta Afganistán, donde ‘aún están’ como sabe todo el mundo.
El ilustre MacKinder anunció que quien dominase el núcleo, dominaría el mundo. Pues el núcleo está ahí, los americanos fueron hacia él por Afganistán –como los británicos en el Gran Juego del XIX– y ahora los rusos contraatacan por el Cáucaso provocando a la OTAN y también al resto de la opinión pública internacional.
Era lógico pensar que los rusos no se conformarían con la penetración de Occidente en sus antiguos dominios, ni se resignarían a dejar pasar gasoductos sin cobrar peajes.
Los movimientos en Georgia son los bostezos del gigante que se despereza y desentumece los músculos tras el coma etílico del predecesor de Putin. Se habla del regreso de la Guerra Fría. ¿Será que hace falta un enemigo para seguir fabricando armas?
Creo más bien que el enemigo ruso no lo es, tal y como están trazados los gasoductos y que la guerra posible no será ni fría ni caliente, sino otra aberración del nacionalismo que prolifera tras la caída de los imperios.

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