Leo la entrevista que, a manera de anticipo de la nueva temporada política, Don José María Aznar, cada vez más soberbio, concede a su diario de cabecera, y observo que sigue obsesionado con esa chusma, que el llama izquierda radical, compuesta de separatistas, masones, comunistas y demás ralea. Detecto, sin embargo, que su jibarizado sustrato ideológico siguen siendo los preceptos de la Formación del Espíritu Nacional.
Pero lo que más me llama la atención es que a la pregunta de cuantas veces se había arrepentido de la foto de las Azores, responde: “Por mucho que algunos se empeñen jamás me arrepentiré porque fue el momento histórico mas importante que ha tenido España en 200 años” y es aquí donde el ex Presidente del Gobierno se muestra realmente como lo que es, un digno heredero espiritual de los Tercios de Flandes, aquellos guerreros bajitos que donde no llegaban con la mano llegaban con la punta de la espada o, como en su caso, con el fanatismo.
Algunos se preguntarán a qué viene semejante chulería, pues viene a que a Don José Mari no le importa sembrar agravios, porque sabe que el mismo orden internacional que imposibilitará en su día juzgar a Bush o Blair por haber asesinado a miles de iraquíes a cañonazos, o haber trasladado a Guantánamo a cientos de personas como si fueran borregos cegados para torturarlos, es el mismo que le permite enriquecerse asesorando a fondos internacionales de capital riesgo -sí, los nuevos señores feudales de estos tiempos de globalización-, o dar conferencias en inglés con acento tejano, explicando que en los colegios nacional católicos, donde se educó, se cantaba una canción que decía: Vamos a contar mentiras tralará…, vamos a contar mentiras.