Críticas por la amplia presencia de películas italianas a concurso sin tener en cuenta la calidad
El productor Domenico Procacci (sentado) posa junto al director Ferzan Özpetek (cuarto por la izquierda) y miembros del equipo de ‘Un giorno perfetto’. EFE
Antonio Lafuente Venecia
Un giorno perfetto’, la primera película italiana proyectada ayer en la sección de competición del festival de cine de Venecia, ha dado nuevos argumentos a quienes han criticado que este año la Mostra está marcada más por el nacionalismo que por la calidad.
‘Un giorno perfetto’, dirigida por el director italiano de origen turco Ferzan Özpetek, muestra a un matrimonio en fase de separación. Emma intenta separarse de Antonio, quien intenta evitarlo por todos los medios, incluida la violencia física. Sorprendentemente, el filme no aborda la cuestión como un problema social, el de la violencia de género, sino que lo trata como un mero suceso. Incluso, el director se despega del problema social de la violencia de género al plantear la trama en el ámbito del asesino psicópata.
“Desear a una persona de la forma que se muestra en la ficción es una cosa que me fascina mucho. No se comprende quién es la víctima y quién el verdugo”, asegura Özpetek.
La película se basa en la novela del mismo título del escritor Sandro Petraglia, si bien el director italiano reconoció en rueda de prensa que ha cambiado bastantes cuestiones del libro. Entre esos cambios figuran la “suavización de la violencia”, la sustitución de un homosexual por una mujer (lo que aseguró es más más estética que por moral), la inclusión de un personaje que parece ser un ángel y el cambio de los lugares donde está ambientada la novela.
Y así, a fuerza de cambiar la novela, ha habido espectadores que han opinado que “el libro es muy bueno, pero la película es muy mala”. Un sentimiento que ha venido a confirmar las críticas contra la deriva nacionalista de la Mostra, que este año ha colocado cuatro películas en la sección en competición, sin que la calidad del cine italiano actual parezca justificarlo.
Unas acusaciones, como las del semanario alemán Der Spiegel, que han obligado a intervenir al ministro de Cultura italiano, Sandro Bondi, quien justificó la presencia de los filmes nacionales, porque durante años “se había criticado” su ausencia.
La acusación de un “excesivo patriotismo” coincide con un momento en el que, tras la llegada de Silvio Berlusconi al poder, el país está bajo la sospecha de ser xenófobo por su campaña de expulsión de inmigrantes.