Es difícil hallar en el mercado político internacional dos políticos de tan bajo perfil intelectual e ideológico como los que pastorean a los españoles: Zapatero y Rajoy. Basta leer las entrevistas que les hicieron el domingo en El Mundo y El País, respectivamente, para hacerse cargo del nivel de incompetencia política que acompaña a estos personajes. En esas dos entrevistas se resume la pobreza democrática de nuestro país. El ensimismamiento, o peor, la estulticia para hacerse cargo de los grandes problemas que nos asolan como nación rebosan por todas partes. La diferencia entre Zapatero y Rajoy es, a pesar de todo, relevante; mientras que los engaños de Zapatero lo mantienen en el poder, en el caso de Rajoy sospecho que no le ayudarán más que a sobrevivir en la oposición.
Las dos entrevistas tienen un denominador común, a saber, contribuyen de modo decisivo a ocultar el principal problema de España: la crisis económica de nuestro país es un juego de niños comparada con la crisis institucional que padecemos.
Por otro lado, Rajoy ha dicho que su partido aspira a “ser votado por quien no defienda el grueso de nuestra ideología”. Pobre. No sabe que el verdadero ciudadano vota siempre por matices, pero el votante-basura, el que tiene muy claro que vota al PSOE por odio y resentimiento al PP, o viceversa, sólo vota “el grueso” de una ideología. Sí, señor Rajoy, ese votante al que usted aspira sólo ve la “masa”, “el engrudo”, en fin, el “grueso” de una ideología, dicho sea de paso, que el actual equipo dirigente del PP aún no ha conseguido explicar, conceptualizar y sintetizar, precisamente porque juega con engaños torpes, groseros, de quien no sabe apenas nada de política. Ese tipo de declaraciones sólo engañan a quienes ya están engañados.