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UNA IMAGEN Y 220 PALABRAS


Los santos no
dejan excrementos

Cada mochuelo a su olivo, reza el dicho popular cuando llega el momento de que cada ser de la naturaleza ocupe su plaza en la misma.

Nadie duda que ‘el olivo’ de los santos son las catedrales. Pero no es menos cierto que el de las cigüeñas son sus artesanales nidos y, a su vez, el preferido de los nidos son las espadañas, campanarios, torres y otros elementos ‘de altura’ de los templos para desde allí poder divisar el mundo y, sobre todo, intuír cómo se mueven las culebras, ratones y otras presas habituales.

Tomaron las iglesias y catedrales. Se convirtieron en estampas habituales, fueron fotografiadas de día y de noche, observadas a todas horas. En la Catedral de León eran un espectáculo pues se posaban allí ‘a cientos’ cuando su privilegiada visión del mundo les aconsejó no cruzar el estrecho en invierno. Y al no emigrar no les ‘daban gañote’ en su viaje al sur y crecieron y se multiplicaron.

Tanto que se convirtieron en un problema. Sus nidos pesaban mucho, sus excrementos atascaban los desagües, los frágiles pináculos amenazaban con caer... y se inventaron artilugios para expulsarlas, ‘condones’ plásticos sobre los que resbalaban. Se fueron.

Ahora, de vez en cuando, se posa una.

- ¿No pesa más el santo que la zancuda?

- Sí, pero no deja excrementos.

df
Mauricio
Peña
Ful
Fulgencio
Fernández

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