La carta que han firmado decenas de terroristas presos también ha llegado a los terroristas en Mansilla de las Mulas
La imagen de los familiares de presos etarras con pancartas llegó a ser habitual en las plazas y calles de los pueblos del País Vasco. EFE
SPC / Carlos Ruiz León
Tras cuatro décadas de lucha, treguas y negociaciones, ETA no ha conseguido nada. La organización criminal es hoy más un vertedero de presos que ninguna otra cosa. Los ingresos generados por la extorsión deben mantener a casi 600 reclusos, repartidos en 53 cárceles cada día menos propensos a soportar un cautiverio que bien pocos consideran ya parte de su vocación de gudaris.
El número de terroristas a la sombra no haya hecho sino aumentar. De ahí que la gran mayoría de los integrantes del denominado frente de makos -presos- estén sumidos en una profunda desazón desde que ETA retomó la senda de la violencia, puesto que, hubiera o no concesiones políticas, lo único verdaderamente cierto es que el pacto con el Gobierno incluía una amnistía poco menos que general para los reclusos.
Ahora, con decenas de años entre rejas por delante, los pistoleros más veteranos no están dispuestos a asumir la continuidad de su cautiverio, máxime cuando ya resulta evidente para todos -salvo quizá para Txeroki- que la banda está moribunda y su único horizonte es el de la desaparición.
Con eso y con todo, hasta hace no demasiado tiempo el llamado complejo Yoyes, que advertía a los asesinos de lo caro que puede resultar mostrar abiertamente sus discrepancias con la cúpula, impedía que, más allá de actuaciones individuales como las deFrancisco Mújika Garmendia, Pakito, e Iñaki Aracama Mendía, Makario, que fueron expulsados en 2005 por redactar una carta contra la lucha armada, los reos sacaran los pies del tiesto. A esa situación tampoco son ajenaslas asociaciones de familiares de presos, hartas de la situación de sus allegados, que, dispersos por todos los penales españoles, les obligan a viajar cada fin de semana.
Por todo ello, ya sin el yugo de las amenazas respaldadas antaño por una cúpula fuerte, parece que por fin se han roto todos los diques de la omertá y varias decenas de presos se han atrevido a firmar una carta de apoyo al añejo manifiesto de los citados Pakito y Makario, que considera que «la estrategia político militar de ETA ha sido superada por la represión del enemigo». Aunque nadie lo confirma, también estaría alguno de los presos etarras que cumplen condena en la prisión de Mansilla de las Mulas. Todos de segunda fila salvo Juan José Rego, condenado por intentar matar al Rey, y Pernando Barrena, ex dirigente de Batasuna.
«Esta lucha armada que desarrollamos hoy en día no sirve. Esto es morir a fuego lento (...). No se puede desarrollar una lucha armada cuando se es tan vulnerable a la represión. El día a día nos está enseñando que no tenemos la capacidad y los medios (por 1.000 razones técnicas y no técnicas) de desplegar y desarrollar una lucha armada eficiente, constante y con capacidad de disuasión. Somos muy débiles en ese sentido. Pero nuestro capital y potencial político está ahí, explotémoslo en todas sus virtualidades: la lucha institucional y la lucha de masas», afirma textualmente el escrito ahora rescatado por los críticos.
Los nuevos cabecillas de la insumisión son Rosario Pikabea y Urrusolo Sistiaga, dos ex responsables de la banda que lideran la revuelta desde la cárcel de Córdoba.
Por experiencia, los expertos en materia antiterrorista son extremadamente cautos y, más allá de cualquier canto de sirena, sólo siguen confiandoen la eficacia de las Fuerzas de Seguridad.