Logo de la-cronica.net


REINSERCIÓN DE PRESOS EN LEÓN

Las ‘otras’ chicas de la BBC

Nueve mujeres de la cárcel de Mansilla han disfrutado de permisos penitenciarios

Un grupo de mujeres que disfruta de este tipo de permisos penitenciarios posa de espaldas en la plaza de San Isidoro. Mauricio peña

Alicia Torres León
“Somos las chicas de la BBC”. Un pequeño chascarrillo que resume de algún modo la vida de unas mujeres que –por circunstancias, y no son necesarias otras explicaciones– han realizado un viaje con tres destinos: Bogotá, Barajas y... la cárcel.
Esta ‘carta de presentación’ no es más que una muestra del buen humor, la energía y la vitalidad que desprenden las nueve mujeres que han disfrutado de un permiso la primera semana de agosto. El penal donde ‘residen’ es el de Mansilla y Cáritas la encargada de proporcionarles un techo para que, a pesar de ser la gran mayoría extranjeras y no poseer raíces leonesas, tengan derecho a disfrutar de unos días en libertad.
Y es en este instante cuando Cáritas se pone a trabajar. Todos los miembros de la organización, desde los directivos, hasta la trabajadora social, los técnicos y los voluntarios, aportan su grano de arena para que los internos se sientan como en casa.
Eva, la trabajadora social, es la encargada de los trámites administrativos, bien sea acudir a la junta de tratamiento que valora a los presos que solicitan este permiso, entrevistarles o evaluar cómo se han comportado durante sus horas de libertad.
Pero la base de todo este importante trabajo está en los 21 voluntarios que dedican su tiempo a acompañar a estos chicos y chicas durante su esperado permiso. Ésta es su labor. Acompañar. Nada de vigilar o controlar. Es necesario que disfruten de su espacio cumpliendo unas normas muy básicas: dormir en el piso de acogida, llegar a una hora ‘a casa’ después de salir por el Húmedo, mantener el orden... limitadas reglas y sencillas de cumplir.
Fueron pocas las horas que compartimos con las nueve internas de permiso, pero es que realmente bastan unos minutos para que todos los tópicos que rodean a los presos se derrumben. Nueve chicas que como nueve amigas pasaron una mañana en el mercado. Ir de compras es todo un acontecimiento, poder manejar dinero y hablar con el teléfono móvil.
Una vez en el mercado adquieren objetos y ropa para sus familiares, para sus otras compañeras del centro y en último lugar para ellas. Es curioso comprobar cómo piensan constantemente en los demás. “Allá dentro, mami, cualquier cosa, unos aros o una pinza para el pelo son importantísimos”, aseguran.
Miles de anécdotas en historias realmente duras y testimonios que conmueven. Sin hurgar mucho en la herida, resulta especialmente enternecedora la historia de una gran mujer, pero de escasa altura, que es de las más queridas ‘dentro’. Lleva nueve años “pagando su deuda con la sociedad”, adora a su hermana a la que lleva once años sin ver, ha perdido muchas cosas en el camino y espera que en septiembre pueda salir al fin del Centro de Inserción Social (CIS) y regresar ya a su país. La gran preocupación, afirma, será “cuando llegue allá. Después de tantos años también debes empezar de cero con la familia”.
Otra de las chicas está respaldada por su gente. Sus dos hermanas son abogadas penalistas y una de ellas ha venido a verla durante su permiso y estuvo abrazándola durante minutos y minutos en su reencuentro. “Mi hermana cometió un error hace seis años y la apoyamos. Ahora bien, no sé cómo reaccionaríamos si volviera a suceder” revela la letrada que guarda este secreto a su madre. Durante su ‘estancia’ en León, la interna –de sólo 42 años– ha sido abuela por partida doble.
La trabajadora social acumula en un año de experiencia con este programa miles de datos y es asombroso comprobar cómo conoce a cada uno de los internos, así como sus historias y sus circunstancias. “En los primeros permisos están más tímidos pero cuando repiten están mucho más cómodos”. Las presas la tratan con mucho respeto, incluso, le piden permiso para “ausentarse un instante que voy al lavabo”. “Es duro desprenderse de las reglas y las rutinas que se viven diariamente en la cárcel”, apostilla Eva.
Ayudar es un trabajo
Sin quitar méritos a nadie, lo cierto es que los voluntarios son la pieza fundamental de este programa. Y así lo demuestra Lola, una mujer comprometida con sus funciones en Cáritas, que lleva desde 2003 en esta iniciativa y gestiona además la paquetería. Es el mejor ‘hombro’ para los reclusos y afirma con una gran sonrisa que “soy muy feliz haciendo esto y me da muchas satisfacciones” a pesar de tener que arañar el tiempo para compaginarlo con sus deberes como abuela.
Una de las chicas se ha encontrado indispuesta. Es su primer permiso, después de muchas complicaciones para conseguirlo, y se ha agobiado. No hay problema porque Lola la acompaña para tomar algo en un bar y hacer más llevadero el calor. Otra le confiesa a Lola que no quiere comer sola, otra que se pierde si no va acompañada por León, otra que quiere visitar a un médico estos días y otra que, simplemente, le lleve a conocer la ciudad. De este modo, Lola habrá visitado la Catedral cientos de veces, el Musac, San Isidoro, las cuevas de Valporquero, Las Hoces... “y las que quedan”. Pero no parece que para Lola –ni para ningún otro voluntario– sea un problema. Ayudar es su trabajo, les gusta y se nota.
Por último, un apunte que demuestra el éxito del programa. Lo primero que harán estas chicas cuando lleguen a Mansilla será volver a solicitar permiso.
Cada año aumenta el número de concesiones de permisos que son propuestos por la Junta de Tratamiento y aprobados en último término por el juez de Vigilancia Penitenciaria.
La Junta está compuesta por distintos profesionales como trabajadores sociales, educadores, psicólogos, juristas, funcionarios y personal directivo del centro.
El éxito, en palabras de la trabajadora social, “radica en la buena valoración de la junta de tratamiento”. Los requisitos para acceder al permiso pasan por tener la cuarta parte de la condena cumplida y presentar una buena conducta penitencial. También se tiene en cuenta otras circunstancias como el riesgo de mal uso, de quebrantamiento de condena, o de posible comisión de un nuevo delito. Existe un límite reglamentario que sitúa en unos 30 ó 45 días el tiempo mínimo entre el disfrute de permisos. Por otro lado, Eva se encarga personalmente de “cumplir con lo que les he prometido” y más si vienen familiares de otros países que se desplazan a León estos días para pasar el mayor tiempo posible con ellos.

Publicidad
pix
publi
pix

© Promociones Periodísticas Leonesas, S.A.
Moisés de León, 49-bajo 24006 León (España)

Correos de La Crónica