El titular de Industria respalda los planes del ministro de Trabajo
Agencias Madrid
Algo más de cuatro años de experiencia han permitido comprobar en numerosas ocasiones cómo el Gobierno recurre de vez en cuando a la vieja táctica cinematográfica del poli bueno y el poli malo. Así, mientras el presidente Zapatero y De la Vega se encargan de mostrar siempre la cara amable del Ejecutivo, apagando todos los fuegos con promesas que suelen ser poco más que brindis al sol, los ministros de las áreas más comprometidas son los encargados de pisar los charcos del día a día. Así sucedió en la pasada legislatura con el terrorismo y así ocurre ahora con todo lo referente a la crisis económica.
El último episodio corresponde al espinoso asunto de la reducción en la contratación de trabajadores extranjeros que, por más que se antoje como una medida de sentido común en tiempos de desempleo creciente, desata las iras de la progresía más recalcitrante, siempre atenta para censurar todo lo que suene a discriminación.
En este affaire, el poli malo ha sido el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, quien anunció que bajarán sustancialmente los contratos en origen, puesto que estos son momentos para que la prioridad en el empleo la tengan los trabajadores patrios.
Semejante proclama fue rápidamente matizada por la vicepresidenta De la Vega, que templó las críticas al desmentir en buena medida a su compañero de Gabinete.
Así las cosas, tuvo que ser el ministro de Industria, Miguel Sebastián, quien desempatara y, en una nueva asunción implícita de que la crisis económica es bastante más severa de lo que admite Moncloa, respaldó públicamente a Corbacho y apostó por cubrir los puestos que queden vacantes “con los recursos disponibles de trabajo en España”.
Durante el congreso de los socialistas madrileños, Sebastián afirmó que no había “ninguna contradicción” en las palabras de Corbacho, quien admitió que podría haber sido malinterpretado cuando hace días anunció.