La basílica de San Isidoro presenta su nueva cara tras las obras acometidas por la Junta
Aspecto que presentaba ayer la basílica de San Isidoro en su apertura al culto con la misa oficiada por el obispo de León. M. MARCOS
J.R. / M.C.C. León
San Isidoro y la Catedral no se disputan el ‘alma’ de León. Nadie entendería esta ciudad sin sus dos monumentos más representativos. Pero mientras a la ‘Pulchra Leonina’ le ha costado menos —si es que se puede decir así— lograr fondos para sus desgastados muros, la joya del románico español no ha tenido siempre la misma comprensión para sacar a la luz todo su esplendor.
Regido por un Cabildo, San Isidoro no se ha conformado con ser un monumento con la mirada puesta sólo en la Historia. Su propio órgano de gobierno ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos dando vida a un conjunto que no sólo conforma la colegiata románica, sino otras dependencias. Sin perder nunca ni su identidad, ni su razón de ser, en los últimos años su viejos muros han ido sumando nuevos atractivos, en un ejemplo de imaginación y generosidad. No se trata de ganar dinero, sino de disponer de fondos para mantener en pie un testigo irrepetible de la Historia de León.
Así, hace unos años, abrió sus puertas la Casa de la Espiritualidad. Descansar en San Isidoro es en sí mismo todo un lujo. La ‘Casa’, que también dispone de un restaurante, regeneró un ala del edificio, el que da para la calle Ramón y Cajal, que apenas tenía vida y se estaba deteriorando.
No fue el único paso. En los próximos meses también abrirá sus puertas el Museo Bíblico y Oriental en otras dependencias situadas en la parte de la plaza de Santo Martino, un espacio para el saber que convertirá a León ySan Isidoro en lo que siempre fue: un centro de primer nivel.
El abad Francisco Rodríguez no sólo ha sido testigo sino también un catalizador de voluntades en ese largo proceso de modernización y puesta al día que ha emprendido la Real Colegiata de San Isidoro en estos últimos tiempos. Para explicar cómo ha sido ese largo y azaroso proceso, el abad pone el símil de un globo hinchado en cuyo interior se recogían una serie de deseos e inquietudes que los miembros del Cabildo albergaban en torno a la preservación del emblemático edificio. El devenir de los años había provocado un inevitable envejecimiento tanto de los muros como de las cubiertas y eso hizo saltar la alarma sobre la necesidad de “dar una oportuna respuesta a las necesidades que el mismo edificio nos planteaba desde el punto de vista estructural”, afirma el abad.
Contraviniendo el célebre dicho ‘la casa no se debe empezar por el tejado’, la solidez y estabilidad de los cimientos de San Isidoro hicieron aconsejable acometer con carácter de urgencia la restauración de las cubiertas, intervención que llevó a cabo la Junta en el 2006 y que complementaba otra acometida seis años atrás, a la que seguirían en sucesivas etapas la recuperación de los espacios que hoy conforman laCasa de la Espiritualidad, cumpliéndose así el deseo del Cabildo de “recuperar este lugar como casa de ejercicio para actividades de tipo espiritual y cultural”, y la limpieza y restauración de la basílica, una obra que se ha llevado a cabo en los últimos cuatro meses y que desde hoy ya pueden admirar los leoneses y visitantes.
El abad cree que San Isidoro, titular y protector de este edificio, ha ejercido realmente esa protección pues la providencia quiso que años atrás tuviera lugar en la Colegiata la firma de un convenio entre los obispados y la Junta de Castilla y León para atender a los peregrinos que emprenden el Camino de Santiago. La presencia en aquella firma de la entonces consejera de Cultura, Silvia Clemente, y su interés por conocer más a fondo la basílica tuvo unefecto no por deseado menosinesperado. “Durante aquella visita guiada ella percibió inmediatamente el estado tan deprimente del lugar y quiso saber si disponíamos de un plan director de actuación. Le dijimos que no y en aquel momento se comprometió a llevarlo a cabo a través de la Consejería”, recuerda el abad.
Otro hecho, que tuvo lugar algunos meses después, también resultóprovidencial para el proceso de modernización de la Colegiata. La elección del Leonés del Año suele culminar con la celebración de una misa en San Isidoro en recuerdo de los leoneses del año ya fallecidos y a la que asisten los componentes del jurado, personalidades todas ellas que han logrado el distintivo en sus diferentes ediciones. El abad recuerda cómo aquel año Rodolfo Martín Villa, entonces presidente de Endesa, le habló de la existencia de un estudio bastante avanzado para la renovación de la iluminación en la Colegiata de San Isidoro. El compromiso de Martín Villa de financiar íntegramente el proyecto hizo que se agilizaran los trámites de un estudio cuya documentación curiosamente se encontraba dispersa en dependencias del Ayuntamiento y la Delegación Territorial de la Junta. Varias reuniones con Patrimonio fijaron un itinerario en el que se contemplaba iniciar las labores de limpieza y restauración antes de dar paso al proyecto de iluminación. “Entonces nos dimos cuenta de la poca efectividad que podían tener las labores de limpieza y restauración si no solucionábamos previamente el asunto de las cubiertas. El orden lógico de actuación hubiera sido cubiertas, iluminación y limpieza, pero el temor de perder la subvención de Endesa nos llevó a alterar el orden y comenzar por la iluminación, que se tuvo que acometer con carácter de urgencia”, recuerda Francisco Rodríguez.