Decía Filiberto Crespo Samper, arquitecto valenciano ya fallecido, con raíces en Castrillo de los Polvazares por aquello del Crespo e hijo de Pepita Samper, la primera miss España que conoció este país, que las ciudades desde arriba eran todas igual, y que ni se distinguían los sectores nuevos de los viejos, porque, al final, todo eran calles y casas.
Desde abajo ya no es tanto, hay diferencias, pero no quiere eso decir que lo que ahora se hace sea mejor que lo de antes, ni que un observador de a pie, entiéndase un ciudadano cualquiera, sepa distinguir qué parte corresponde al Plan General del 62, del 84 o de 2006, y me estoy refiriendo a León capital, claro.
La llegada del ordenador ha facilitado muchas cosas, es verdad, pero también las ha complicado, porque como nos es muy fácil cortar y pegar párrafos, preparamos unas ordenanzas profusas, confusas y difusas, que por mor del completismo quieren cubrirlo todo, y eso, perdónenme ustedes, los que a esto se dedican, es imposible.
Cuando me incorporé como arquitecto, las ordenanzas en vigor del Plan General de León eran del año 1962 y estuvieron en uso hasta 1984, y eran dos folios, dos. Eso sí, de letra pequeña y por las dos caras, y un plano de aproximadamente 60 por 90 cm. Hoy tenemos un millar de hojas entre antecedentes, consecuentes, memorias, ordenanzas y demás, y unos cuantos cientos de planos DIN A3.
Antes, lo que no estaba en ordenanzas, se interpretaba con lógica y buena voluntad, y se resolvía. Hoy, lo que no se prevé en ordenanza, y es totalmente imposible preverlo todo, pues simplemente se soluciona con que no se puede hacer; así de fácil, y así de absurdo. Y puedo asegurar al lector, y aseguro, que puedo poner ejemplos.
¿Y es mejor ahora la ciudad? En puridad de técnica urbanística sí, pero, el ciudadano ¿vive mejor y más a gusto en los nuevos polígonos de torres rodeadas de verde en el que los vecinos no se conocen, o en las antiguas manzanas con las tiendas de todo tipo a pie de portal, en calles donde todos los vecinos están en constante contacto?