EEUU ha desclasificado los nombres de los miles de ciudadanos, muchos famosos por sus trabajos ‘civiles’, que ejercieron de agentes secretos contra los nazis en la II Guerra Mundial
El trabajo anónimo y abnegado de miles de personas, que lucharon en la sombra recopilando información sobre el enemigo, fue una de las claves de la derrota de Adolf Hitler. efe
M. Pérez Washington
No todas las dobles vidas son tan poco edificantes como la de Max Mosley, presidente de la Federación Internacional de Automovilismo, ejecutivo deportivo por el día y protagonista de tórridas orgías sadomasoquistas con parafernalia nazi cuando acaba su jornada laboral.
De hecho, tal y como reflejan los cientos de los documentos que acaba de desclasificar el Gobierno de EEUU, durante la II Guerra Mundial, miles de estadounidenses tuvieron un curioso y patriótico pluriempleo, puesto que, al margen de sus profesiones, sirvieron como espías entre ellos algunos tan famosos como Roald Dahl, autor de libros infantiles tan famosos como ‘Charlie y la fábrica de chocolate’.
La mayoría desarrollaron su carrera en la llamada Oficina de Servicios Estratégicos (OSS, por sus siglas en inglés), antecesora de la CIA, creada por decreto militar en 1942 y disuelta en septiembre de 1945 por orden del presidente Harry Truman, que puso bajo el máximo secreto la identidad de sus casi 24.000 agentes y empleados.
Como dato curioso, valga reseñar que, entre quienes estuvieron a las órdenes OSS se cuentan, según reflejan los dossiers divulgados, Aline Griffith, más conocida por su título de condesa de Romanones, que trabajó en Madrid como espía de los aliados. No obstante, por más que tal currículum suponga un timbre de gloria, lo cierto es que las revelaciones han causado gran sorpresa incluso entre los propios afectados. Es el caso de Charles Pinck, presidente de la OSS Society, establecida por antiguos empleados y familiares. “Nosotros siempre calculamos que tan solo unas 13.000 personas habían trabajado para la OSS, pero resulta que la cifra es mucho mayor”, explica con asombro el veterano. “La OSS fue una agencia excepcional, y lo más valioso fue su personal”, añade antes de explicar que “dado el secreto que rodeó su trabajo, hay todavía familias que no saben lo que hicieron sus abuelos”.
La tarea del organismo consistió en el espionaje y análisis de información sobre Alemania, Japón y sus aliados, así como la planificación y ejecución de operaciones especiales, incluida la cooperación con los grupos clandestinos de resistencia. La lista de empleados de la OSS incluye algunos nombres que adquirieron relevancia después de la guerra, entre ellos Allen Dulles y William Casey, quienes serían directores de la CIA También aparecen Arthur Goldberg, a la postre magistrado del Supremo, el jugador de béisbol Moe Berg, el historiador Arthur Schlesinger y el actor Sterling Hayden.
Asimismo, los archivos identifican a John Hemingway, hijo de Ernest Hemingway; a Kermit Roosevelt, vástago del presidente Theodore Roosevelt, y a Miles Copeland, el padre del batería de The Police, Stewart Copeland.
Similar es el caso de Julia Child, que alcanzó enorme fama en EEUU como cocinera gracias a sus clases de televisión. Cuando todavía era soltera, obtuvo un trabajo de oficinista en la OSS. Allí, Julia conoció a Paul Child, cuando eran espías en el sudeste asiático. El traslado de ambos a París, donde se casaron en 1946, puso a Julia en la senda de su vocación, que le granjeó un diploma del Institute Cordon Bleu en 1951.
Bastante más espectacular es la biografía del escritor británico Roald Dahl, quien, gracias a su enorme poder de seducción sobre las ricas millonarias estadounidenses, cimentó una leyenda que tiene poco que envidiar a la de James Bond. Dahl, que estaba adscrito a la embajada de Su Graciosa Majestad en Washington, tenía una extraordinaria habilidad para las relaciones especiales anglo-norteamericanas, un talento que pasaba por la cama, según revela una nueva biografía del escritor de origen noruego, escrita por la periodista estadounidense Jennet Connant.
Entre otras, conquistó a Millicent Rogers, heredera de una gran fortuna de Standard Oil, y a Clare Boothe Luce, congresista conservadora y esposa del famoso editor de la revista Time, Henry Luce. Esta última, que tenía 13 años más que él, era al parecer una auténtica tigresa en la cama hasta el punto de que, según se quejó el propio Dahl, le había dejado totalmente exhausto tras tres noches de amor. Dahl, que murió en 1990, incluso solicitó a sus superiores que no le obligasen a seguir con ella, pero éstos le pidieron que hiciera ese sacrificio por patriotismo.
Herido durante su entrenamiento como piloto aéreo, Dahl combatió en Oriente Medio antes de que le declarasen incapacitado para volar y le enviasen a Washington. Allí trabó amistad con Charles Marsh, magnate de la prensa de origen tejano y admirador de Churchill, que apoyaría los esfuerzos británicos por ganar a EEUU a su causa contra Hitler y le introduciría en la alta sociedad.
Al margen de sus hazañas eróticas, llegó a pasar a sus superiores secretos y documentos útiles. Valga como ejemplo que, a raíz de sus visitas a la casa familiar de los Roosevelt, Dahl llegó a la conclusión de que el presidente, que estaba paralítico, tenía un affaire con la princesa Marta de Noruega, que había conseguido asilo político en Washington.