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LA HISTORIA DE ANDRÉS MAYO

El ‘violador del chándal’ vuelve a su doble vida

En la cárcel tuvo un comportamiento ejemplar, se casó, trabajaba en la construcción... pero esta semana ha vuelto a ser condenado

Andrés Mayo, mientras era conducido a la Audiencia Provincial de León para ser juzgado, en 1991, después de ser detenido en Oviedo cuando intentaba violar a una joven. MAURICIO PEÑA

Carlos Ruiz León
Noviembre de 2002. El Juzgado de Vigilancia Penitenciaria número 3 de la Comunidad, con sede en León, aprueba la concesión de la libertad condicional para el conocido como ‘violador del chándal’, el hombre que durante dos años —1989 y 1990— cometió once agresiones sexuales, cuatro violaciones y siete tentativas, sembrando el terror en la capital leonesa.
Condenado a 106 años de prisión, Andrés Mayo salió a la calle tdespuçes de cumplir sólo 12. Mayo había obtenido el tercer grado penitenciario (requisito indispensable para lograr la libertad condicional) año y medio antes, en junio de 2001, en medio de fuertes críticas de las víctimas y de las asociaciones de mujeres. Parecía que había comenzado una nueva vida. Trabajaba por el día e iba a dormir al Centro Social ubicado en la antigua prisión provincial.
Y ahí no quedaba todo.En diciembre de ese mismo año 2002, el Obispado de León decidió «no autorizar» la boda del Andrés Mayo con la joven S.G.M. en la capital leonesa.
El acto estaba previsto que se celebrara en la Iglesia de San José de las Ventas de León. El vicario de la diócesis no especificó «las circunstancias que concurrieron en ambos contrayentes», aunque sí especificó que no era por la condena a 106 años de cárcel.
A pesar de la reserva y confidencialidad que alegó el vicario general para no aclarar qué impedimento originó la suspensión de la boda, fuentes cercanas al Obispado explicaron que una de las causas que más había influido en la decisión eclesiástica fue «la inestabilidad mental de la novia del ex presidiario». Este último extremo no fue ni confirmado ni desmentido por el vicario, quien sí aclaró que en la declaración que toda persona que desea contraer matrimonio canónico tiene que aportar «se han dado unas circunstancias que impiden la celebración del matrimonio mientras subsistan las causas que han motivado esta determinación».
Durante casi cinco años, nada se supo de Andrés Mayo, hasta que en agosto del año pasado fue detenido en La Coruña acusado de nuevas agresiones a mujeres en la capital gallega.
Mayo, de 39 años, natural de Zamora, fue arrestado cuando se dirigía a su trabajo en la construcción. Según fuentes policiales, el agresor fue reconocido a través de fotografías por parte de algunas víctimas de sus agresiones. Desde entonces, fue sometido a una estrecha vigilancia que condujo a su detención. El «modus operandi» utilizado era diverso, pudiendo aprovecharse tanto de la impunidad que ofrece un portal o un garaje como la de una zona solitaria. Los hechos se cometían generalmente los fines de semana o vísperas de festivo, entre las doce de la noche y las tres de la mañana. El perfil de la víctima era una chica joven, entre 20 y 30 años, que acudía sola a su domicilio o tenía que recorrer un largo trecho hasta llegar a él, circunstancia que le permitía actuar sin ningún peligro.
17 años antes, Andrés Mayo Fernández había sembrado el pánico en el barrio del Ejido. El dispositivo policial incluyó a agentes de paisano. Las víctimas, entre las que estaba una joven de 16 años a la que violó y que abortó tras quedarse embarazada, pudieron respirar tranquilas después de que Andrés Mayo fuera detenido en el mes de octubre de 1990 en una calle de la capital asturiana. Mayo fue atrapado después de intentar violar a una joven ovetense.
Por el juicio, celebrado en la Audiencia Provincial de León, pasaron las víctimas, que ratificaron los hechos. Ahora la historia se repite. El Juzgado Número 2 de lo Penal de La Coruña le ha condenado a casi dos años de cárcel por una nueva agresión sexual. Otra vez.

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