El líder sale con heridas “de chapa y pintura” de una etapa “muy difícil”
Alberto Contador volvió a lucir el jersey oro en el podio de Ponferrada. gaztelu
J. Santiago / Agencias Ponferrada
El líder de la Vuelta no paró de subir al podio. Los aficionados de Ponferrada tuvieron oportunidades de sobra para jalear al hombre más fuerte de la carrera. Recogió el jersey oro, el de la combinada y los de las clasificaciones por puntos y por equipos. Junto al campeón madrileño, las azafatas, las únicas que pudieron competir en aplausos con él y con el ganador de la etapa.
El espectacular circo de la Vuelta se asentó en Ponferrada y, como siempre, sacó a la calle a cientos de bercianos. Desde que la etapa entró en León por el puerto de Somiedo, todos los pueblos que recibieron a los ciclistas vivieron una jornada especial. Babia, Laciana, el valle del Sil, Fabero y el resto de territorios que recibieron a la carrera disfrutaron de una jornada intensa de ciclismo.
Los corredores no tuvieron las mismas oportunidades de pasarlo bien. La carrera se endureció desde el inicio y no ofreció ningún momento de respiro. El propio Contador apuntó que la etapa con final en Ponferrada le recordó al “Giro de Italia y a las clásicas”. Del Bierzo se lleva el calor de la gente y también las magulladuras que le dejó una caída. Pero las heridas no son preocupantes, sólo de “chapa y pintura”, según comentó. A él y a su equipo le vino bien que se formara una escapada, “porque el final era muy complicado”.
Y es que la cuesta de Lombillo fue el remate final para “un recorrido realmente duro, sin prácticamente un metro de llano”, tal y como comentó Carlos Sastre. Al reciente ganador del Tour no le gustó demasiado una etapa “excesivamente dura y quizá sin mucho sentido”.
Pero el público sí disfrutó con la magia del ciclismo y con la victoria de García Dapena, un gallego que jamás olvidará Ponferrada.