alguien me comentaba que en Suiza han hecho un acelerador de partículas, capaz de reproducir lo que se cree que fue la manera de empezar a existir el universo, esa explosión llamada Big Bang y parecía darme a entender que la teoría del Big Bang contradice la doctrina de la creación del mundo por Dios. Ignoraba tal vez que la teoría del Big Bang se debe a un sacerdote católico belga, gran científico a la vez, llamado Georges Lamaître, que conjugó perfectamente fe y espíritu científico. Llama la atención que algunos han presentado la noticia como si el hombre fuera capaz de encontrar argumentos para negar a Dios. Pienso que es más bien lo contrario.
La construcción de este anillo subterráneo, de casi treinta kilómetros, en el que tiene lugar tan importante experimento, ha costado más de cuatro mil millones de euros, y han intervenido en él unos diez mil investigadores. Ha sido preciso mucho gasto y esfuerzo para hacer esta pequeña reproducción. Es realmente una obra mucho más que faraónica para explicar el origen y la naturaleza de la materia. Ciertamente no explica la evolución posterior de esa materia que se ha convertido en un universo perfectamente armónico, ni explica la aparición de la vida o de las diferentes especies, ni la formación de algo tan complejo como el cerebro o el mecanismo de la vista o la maravilla que es una simple célula. Si paraconstruir el invento de Suiza ha hecho falta tanta inteligencia y sabiduría, ¿cómo se explica el Big Bang original y todo el desarrollo posterior del universo sin una inteligencia y una sabiduría no inferior a la de quienes tratan de reproducirlo? ¿O acaso el acelerador de partículas podría hacerse él solo a sí mismo?.