Una de las cosas que menos me gustan de los Juegos Olímpicos es el exceso de sentimientos nacionalistas que generan. Y como vivimos en un país bastante particular, estas actitudes se proyectan a reivindicaciones nacionalistas en algunas de nuestras Comunidades Autónomas. De un tiempo a esta parte se ha convertido en práctica habitual calcular cuántas medallas habrían ganado los deportistas de una determinada región.
Pero vamos a los datos reales. Parece que algún político de ERC ha afirmado que la mitad de las medallas ganadas por los participantes españoles en los últimos Juegos Olímpicos en realidad corresponden a Cataluña. Si solo una comunidad hace este tipo de cálculos, el hecho no llama mucho la atención. Lo malo es que el tema no queda aquí. Un titular de primera página de un periódico gallego comentaba hace algunos días que si Galicia hubiera participado con su propio equipo en los juegos, habría conseguido la tercera parte de las medallas españolas. Sospecho que en alguna otra comunidad se habrán hecho observaciones semejantes. Pero limitémonos a Cataluña y Galicia. Si mis matemáticas no fallan, la suma de un medio y un tercio es cinco sextos. Es decir, de acuerdo con estas curiosas estimaciones al resto de España sólo le queda una sexta parte de las medallas.
Pero la máxima gloria la alcanzaría Michael Phelps, el gran nadador norteamericano. Si este señor se proclamara independiente, su nación habría conseguido nada menos que ocho medallas de oro.
Alguien podrá preguntarse, con buen sentido, por qué pierdo mí tiempo con estas tonterías, pero la respuesta es fácil: un número no despreciable de españoles –especialmente entre los que viven de la política– dedica buena parte de sus energías a estas tonterías.