Logo de la-cronica.net


BOLIVIA

Morales intenta sofocar el ‘incendio’ autonomista

La Paz negocia para acabar con los disturbios que han provocado 20 muertos

Un ciudadano boliviano pasa ante el Palacio de Gobierno de La Paz, vigilado por soldados. Gastón Brito (Reuters)

Agencias La Paz
Tras jornadas sangrientas que desembocaron el domingo en la intervención militar en el departamento de Pando y que causaron 25 muertos y 100 desaparecidos, el diálogo entre el Gobierno de La Paz y los prefectos opositores se reactivó en el día de ayer a la espera de que el propio presidente, Evo Morales, regrese de la cumbre sudamericana de Santiago de Chile. Se sumaría de esta forma a unas negociaciones que, por el momento, «van por buen camino», o al menos así lo aseguró el prefecto de Tarija y representante de las provincias disconformes con la gestión política y económica del Ejecutivo central, Mario Cossío.
La actualidad boliviana se desarrollaba de esta forma en dos frentes. Por una parte, los presidentes de la Unión de Naciones Sudamericanas se encontraron en Santiago de Chile para dar una salida política a la grave situación interna de Bolivia. Hasta allí se desplazó Morales, pero no así los prefectos opositores, quienes habían remitido una misiva a la presidenta chilena, Michelle Bachelet, para solicitar su presencia y explicar su postura de viva voz. Pretendían desmentir el calificativo de golpistas y dar peso a unas protestas desarrolladas en zonas gobernadas por la oposición que reclaman la devolución de ingresos petroleros rescatados por el Estado.
El segundo frente prosigue en La Paz, destino de Morales tras la cumbre y donde tenía previsto celebrarse ayer una reunión ya de noche, madrugada hora española. A este encuentro se llegaba con unas bases ya sentadas y que, aparentemente, permitían a las partesalbergar esperanzas de cara a una pronta solución. Sobre la mesa, la introducción de un proceso autonómico en la nueva propuesta de Constitución y la creación de un pacto fiscal entre el Gobierno, las prefecturas y los municipios para la redistribución del Impuesto Directo a los Hidrocarburos.
Santa Cruz de la Sierra, epicentro del movimiento autonomista y opositor al Gobierno de Evo Morales, es un símbolo de la complejidad de un país escindido entre dos formas irreconciliables de entender la política, el país y la vida.
La ciudad es capital del departamento más próspero de toda Bolivia, ocupa un tercio de la superficie del Estado y alberga 2,6 millones de habitantes, un 27 por ciento del total. Aunque pasa por ser el epicentro de la Bolivia tropical y colonial, donde los apellidos de rancio abolengo castellano o vasco son todavía los de las grandes familias que dominan la economía y la política local, basta con abandonar el coqueto centro urbano de calles porticadas y chalés para ingresar en otra realidad.
Un tercio de cruceños vive en una enorme barriada humilde conocida como Plan 3.000, habitada mayormente por indígenas llegados del occidente andino durante los últimos 30 años. Como es de mal gusto llamarse blanco frente a indio, los locales utilizan los términos de cambas y collas para enmascarar un racismo del que se acusan mutuamente.
La retórica indigenista, populista y socialista de Evo Morales tiene muchos partidarios en el Plan 3.000, pero en la Santa Cruz de toda la vida provoca sarpullidos. La élite de la ciudad, que se hizo próspera a sí misma y supo crear riqueza antes de la llegada de los hidrocarburos, no acepta de buen grado a un «un presidente que nos quiere imponer un modelo cubano», como dice un ingeniero identificado como Fernando Gutiérrez.

Publicidad
pix
publi
pix

© Promociones Periodísticas Leonesas, S.A.
Moisés de León, 49-bajo 24006 León (España)

Correos de La Crónica