Luis Mateo Diez inaugura hoy el IX Congreso sobre Población Española
Una de las ilustraciones (de Antón Diez) del último libro de Luis Mateo Diez, ‘El sol de la nieve’, en el que regresa a su territorio imaginario de Celama.
Fulgencio Fernández León
Mi pasado, nuestro pasado, es rural y en ese mundo la tierra ha pasado de ser una necesidad a ser un adorno. Y como en el espíritu del novelista siempre está la mirada hacia atrás en mis novelas sobre el territorio imaginario de Celama lo que hago es eso, mirar hacia atrás, sacar los muertos que tengo acumulados durante siglos y darles voz. Lo único que distancia a los muertos anteriores de Celama de los del siglo XIX o XX es el arado de vertedera”. Así explica Luis Mateo Diez la gestación del territorio imaginario y mítico, Celama, de un buen número de sus novelas desde ‘El espíritu del Páramo’ hacia adelante, una de ellas la última que ha visto la luz, ‘El sol de la nieve o el día que desaparecieron los muertos de Celama’.
Ese mundo rural, ese Páramo, Celama tiene mucho que ver con el asunto que debaten en el ‘IX Congreso sobre Población Española’ que hoy da comienzo en la Universidad de León y que se inaugura preciosamente con una conferencia de Luis Mateo Diez. “Hablaré de los territorios imaginarios, de Celama y de otros, de cómo el mundo de la imaginación ha sido tantas veces el notario fiel de una realidad. Y eso lo sabemos muy bien en León, donde una buena parte de sus escritores hemos llevado a esta tierra a nuestras novelas, hemos creado una ciudad y una provincia literaria y de ficción que no es León pero que se nutre de ella”.
Luis Mateo Diez vuelca en estos territorios imaginarios su memoria y su fantasía, recuerdos e imaginación, algo que le lleva a emparentar con otros creadores de territorios de ficción, curiosamente escritores a los que admira. Gente como García Márquez, Rulfo, Onetti o Juan Benet, creador este último de otro territorio imaginario en esta provincia, Región. “Yo siempre he sentido la necesidad de crear un territorio que fuese el espejo de mi propia imaginación y que sostuviese todo lo que yo quería contar”.
No oculta Luis Mateo Diez, siempre lo ha dicho, que Celama es, mucha veces, como un obituario, un recuento de pérdidas: “Celama es irreal, simbólico y metafórico, algo imaginado para retratar la extinción del mundo rural. No llegué a Celama por casualidad, sino por una necesidad de transmitir las vivencias de una ciudad de provincias y reflejar la aventura de lo cotidiano, pues la rutina es la única forma de ahondar en la vida”.
Parece que, por una vez, la literatura y las ponencias van a estar muy cerca en el Congreso que hoy arranca en la Universidad.